CRONOLOGÍA


Ángeles Villalba Salvador



Este texto ha sido publicado en el catálogo de la exposición del pintor Fernando Zóbel celebrada en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía y debe ir con la siguiente referencia: VILLALBA SALVADOR, ÁNGELES: “Cronología Fernando Zóbel”, en VVAA.: Catálogo exposición ZÓBEL, Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Madrid, Ediciones Aldeasa, Madrid, 2003, pp.205-236.

Ángeles Villalba Salvador se doctoró en la Facultad de Geografía e Historia, Universidad Complutense, con una tesis sobre el pintor Fernando Zóbel : Fernando Zóbel. Vida y Obra (1989) y en la actualidad es Profesora Asociada en Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Antonio de Nebrija, Madrid.





1924 El 27 de agosto nace en Manila (Filipinas) Fernando Zóbel, hijo de Enrique Zóbel de Ayala, industrial español, y de Fermina Montojo y Torróntegui. Pertenece a una familia de alta situación económica y social, arraigada en Filipinas desde nueve generaciones atrás y vinculada al mundo de los negocios inmobiliarios e industriales. Fernando Zóbel hace sus primeros estudios en Filipinas, donde aprende inglés, que se convertirá en su segunda lengua. A los siete años contrae un inicio de tuberculosis y pasa casi un año en cama.


Fernando Zóbel y su hermana Gloria, Manila
1930

A consecuencia del trabajo del padre, la familia Zóbel viaja con mucha frecuencia, por lo que la infancia de Fernando Zóbel transcurre entre lugares tan dispares como Filipinas, España y el resto de Europa. Se traslada con su familia a Madrid, donde inicia estudios en el Colegio del Pilar que debe abandonar por una afección respiratoria, e ingresa en un colegio suizo en el que aprende fundamentalmente francés, italiano y alemán. En 1936, los Zóbel regresan a Filipinas.



Enrique Zóbel de Ayala, padre de Fernando Zóbel y Fermina Montojo y Torrontegui, madre de Fernando Zóbel

Fernando Zóbel con su familia, en su casa en Manila, a finales de la década de 1930 (de izquierda a derecha, y de abajo arriba). Sentados en el suelo, en primera fila: Enrique Zóbel, María Victoria Zóbel y Fernando Zóbel. Sentados en butacas, en segunda fila: Angelita Olgado, esposa de Jacobo Zóbel; doña Fermina Montojo de Zóbel, madre de Fernando Zóbel y esposa de Enrique Zóbel de Ayala; Consuelo Zóbel, esposa del general James D. Alger; Gloria Zóbel, esposa de Ricardo Padilla y Satrústegui; don Enrique Zóbel de Ayala, padre de Fernando Zóbel; Joseph R. McMicking y su esposa Mercedes Zóbel. De pie, en tercera fila: Matilde Zóbel, esposa del coronel Luis Albarracín; Jacobo Zóbel, y Alfonso Zóbel con su esposa Carmen Pfitz.







1940 Al finalizar sus estudios de bachillerato en el Brent College de Baguio (Filipinas), el estallido de la Segunda Guerra Mundial le impide salir de las islas. En 1941 se matricula en un curso preparatorio de Medicina en la Universidad de Santo Tomás de Manila, donde estudia hasta que los japoneses invaden Filipinas a finales de ese mismo año.


1942 Zóbel se ve obligado a abandonar la Universidad, ya que los japoneses instalan en estos recintos campos para prisioneros. Cae enfermo por un defecto en la columna vertebral, e ingresa en el National Orthopedic Hospital, donde pasa casi un año entero tumbado en una cama ortopédica. Empieza a pintar.


“Durante un año entero tuve que estar tumbado en la cama. Tenía todo el tiempo para pensar y fue entonces cuando empecé a pensar en convertirme en artista.” 1


El ejército japonés confisca la casa de los Zóbel en Manila y la familia se traslada a una casa de campo situada en Calatagan, a unos 160 km de Manila, en la provincia de Batangas, hasta el final de la guerra, a principios de 1945. Son estos unos años dedicados a la lectura y a la reflexión, pues las circunstancias no le permiten desarrollar ninguna otra actividad.


“Fue un momento en el que se paró el reloj. No había nada que hacer. Me dediqué a la lectura y a pensar. Algo que me vino muy bien cuando se acabó la guerra y pude ir a la Universidad. y comprobé que casi todo lo que tenía que leer allí ya lo había leído antes.” 2


1943 Fallece su padre, Enrique Zóbel de Ayala3.


1946 En enero de este año ingresa en la Universidad de Harvard como estudiante de Filosofía y Letras. Lo primero que hace al llegar a Estados Unidos es comprar una caja de pinturas al óleo, que empieza a utilizar sin una instrucción académica concreta. Finalizado el curso se queda durante el verano en la universidad, asiste a clases de redacción avanzada en inglés y lee obras de García Lorca, Juan Ramón Jiménez y Proust (Por el camino de Swann y A la sombra de las muchachas en flor). Pasa un fin de semana en Nueva York, donde visita una exposición de Georgia O’Keeffe en el MoMA. Traduce al inglés la primera farsa de García Lorca, El amor de don Perlimplín con Belisa en su jardín, e ilustra el manuscrito con dibujos en los que los personajes cobran la misma dimensión de muñecos caricaturizados que Lorca transmite por medio de la palabra escrita. Estos dibujos son su primera obra plástica conocida4.


A finales de este año conoce a la pintora Reed Champion y a su marido Jim Pfeufer, profesor de Bellas Artes, con los que entabla una profunda amistad. Ambos le educan pictóricamente, y en ellos encuentra el impulso y la orientación artística en sus comienzos como pintor. De las obras que pinta entre este año y 1949 sólo sobreviven dos, ya que destruiría la mayor parte de ellas en 1951. A las cinco de la tarde (1946) y Arlequín. la luna y Pierrot (1947) son sus primeras pinturas, con la poesía de Lorca de nuevo como punto de partida, y ambas influidas por el Picasso azul y el cubismo sintético. También se encuentran entre estas primeras obras copias de Van Gogh y de Verrocchio.


1949 En mayo finaliza la carrera con una tesina sobre el teatro de García Lorca, que presenta bajo el título “Theme and Conflict in Lorcan drama”, por la que obtiene la calificación de magna cum laude. Aunque su intención y sus deseos son quedarse por más tiempo en la Universidad, las presiones familiares le obligan a regresar a Filipinas5.


De nuevo en Manila, en mayo empieza a trabajar en Ayala, la empresa de su familia, un trabajo que desconoce y no le interesa. Su ignorancia en temas empresariales es la justificación perfecta para matricularse en la Harvard Law School, donde se encuentra de nuevo en septiembre. Después de dos meses en esta escuela decide dejarlo:


“Recapitular, ya que tengo un momento. Invierno. Durante el otoño nunca he visto Harvard más bonito o más remoto. Otro planeta. Algo se me ha roto o se me ha perdido dentro. Esta escuela [la Harvard Law] me está aplastando. El proyecto de dos años más es bruto. No tengo tiempo para respirar. Es terrible vivir días enteros sin hacer nada de lo que quiero, cuando sólo tengo que decir ‘basta’(...).” 6


A finales de este año comienza a trabajar en el Departamento de Artes Gráficas del Harvard College Library como ayudante de Philip Hofer, entonces conservador de grabados y artes gráficas.


“Realmente –comentó Zóbel años después– la razón por la que estuve de investigador bibliográfico es que en ese momento estaba aprendiendo a pintar en serio. Había tomado contacto con varios pintores en Boston y lo que me interesaba era quedarme un poco más en ese ambiente y seguir aprendiendo, y la forma de hacerlo fue esta investigación bibliográfica.”7


         


NOTAS


1.  Fernando Zóbel en la entrevista realizada por Armando Manalo, “Fernando Zóbel: a virtuoso of paint”, Pace, Manila, 24 de marzo de 1972.

2.  Fernando Zóbel en la entrevista realizada por Joaquín Soler Serrano en A fondo con..., TVE, 24 de diciembre de 1979.

3.  Aunque su padre muere cuando Fernando Zóbel tiene tan sólo diecinueve años, su impronta y también la de su abuelo, Jacobo Zóbel Zangróniz, se dejará ver en algunos aspectos de su personalidad y en ese talante generoso y de servicio hacia el mundo del arte que desarrollará a lo largo de toda su existencia. Su abuelo, Jacobo Zóbel Zangróniz, numismático, arqueólogo, paleólogo, escritor y políglota (hablaba once idiomas), fue académico de número de la Real Academia de la Historia y alcalde de Manila. Además de introducir el primer tranvía y las primeras bicicletas en las islas, fundó la primera biblioteca de Filipinas, y a él se deben dos importantes estudios numismáticos, publicado el primero en 1877, Estudios históricos de la moneda antigua española desde su origen hasta el Imperio Romano, y el segundo en 1879, Manual numismático, ambos considerados en la actualidad de imprescindible consulta. Su padre, Enrique Zóbel, destacó en el mundo industrial y comercial filipino (fundó las primeras fábricas de porcelana y de vidrio, y las primeras compañías de seguros, creó negocios farmacéuticos, de destilería, de pesca, alentó la urbanización de grandes zonas de Manila, etc.) y también desempeñó un importante papel como amante del arte y de la cultura (mientras estudiaba Ingeniería de Minas en la Sorbona de París asistía a clases de pintura con Louise Glieze): impulsó la construcción del teatro Metropolitano de Manila, su casa sirvió como salón de artistas, fue mecenas del pintor Fernando Amorsolo, costeó excavaciones arqueológicas, para preservar los lazos culturales entre España y Filipinas instituyó en 1920 el Premio Zóbel de caracter literario, y fue miembro fundador, en 1924, de la Academia Filipina correspondiente de la Real Academia Española.

4.  Este manuscrito se encuentra en la Houghton Library de la Universidad de Harvard, en Cambridge, Massachusetts.

5.  “Qué proyectos tan bonitos se me presentan si consigo quedarme. Un artículo sobre Hooghe seguido por esa obra tan necesitada; un estudio sobre el arte del siglo XVII. Luego me podría dedicar a estudiar a otros pintores de mérito injustamente olvidados: Gustave Moreau, Jacques Bellange, Adolphe Monticelli, Ensor, Mariano Fortuny, Néstor Martín de la Torre, etc. Descubro otro grabador, discípulo de Callot: Della Bella. Un poco demasiado disparado, pero muy bueno y enormemente prolijo. Qué vida: vivir rodeado de libros y pinturas, pintando y escribiendo. Pega: ¿A quién le ofrezco la mitad de esta vida de monje encantado? ¿Y con qué dinero? Solo no sirve.” Fernando Zóbel. Cambridge, 11 de mayo de 1949.

6.  Fernando Zóbel. Cambridge, 21 de noviembre de 1949.

7.  Fernando Zóbel en la entrevista realizada por Joaquín Soler Serrano en A fondo con ..., TVE, 24 de diciembre de 1979.

         


1950 En el Departamento de Grabados y Artes Gráficas hay un taller de grabado en el que ensaya todas las técnicas: además del óleo y la acuarela, dibuja con toda clase de plumas y empieza a conocer el aguafuerte, la punta seca, el grabado al boj y el xilográfico. Trabaja hasta 1951 en este Departamento. Durante estos años ordena colecciones, realiza estudios bibliográficos y colabora en la organización de las clases de grabado. Inicia así esa faceta didáctica que llegará a ser fundamental en su trayectoria vital y artística, e imparte sus primeras conferencias, la primera sobre la imprenta francesa, otra sobre los libros ilustrados 8, y una tercera sobre temas poco coleccionados 9.


Fernando Zóbel en el año de su graduación en Harvard
1949

1951 Los pintores que más le influyen en esta primera etapa son Hyman Bloom, Jack Levine, John Marin y Rattner 10. Pero de todos ellos es el bostoniano Bloom el referente fundamental en estos primeros años de formación autodidacta. Su admiración por Bloom le lleva a entablar una estrecha amistad que casi se transforma en una relación maestro-alumno por la que finalmente no llega a decidirse.


“Se me ocurre: –escribe Zóbel sobre este asunto– qué buena idea seguir no ganando nada y convencer a Hyman Bloom que me enseñe a pintar. Creo que me tomaría por estudiante. Estoy casi seguro. Pero 1) si se me mete a tecnicismos puros soy capaz de aburrirme. 2) No me atrevo en este momento, en que vivo de regalo, a no ganar nada por poco que sea cuando puedo.”11


En sus primeras pinturas, de temática aparentemente religiosa, subyace una fuerte crítica social y de tono satírico. En general, se caracterizan por un romanticismo simbólico, un sentimiento poético profundo y unas superficies muy ricas en materia y color.


Poco después participa en su primera exposición colectiva en la Swetzoff Gallery de Boston, junto con Jack Truman, Hyman Bloom, Karl Priebe, George Montgomery, Celo Lambrides y Edward John Stevens, entre otros. Uno de los cuadros presentes en la exposición es Pez (1951). El boceto para esta pintura se encuentra en el primer tomo de sus cuadernos de apuntes 12. Este mismo año participa en otra exposición, Original prints, en la misma galería. Los grabados de Zóbel se exponen junto a los de artistas como Vlaminck, Klee, Bresdin, Chagall, Lautrec, Rouault, Picasso, Cézanne y Feininger.


Durante estos años, Zóbel entabla una estrecha amistad con William Bond, conservador de manuscritos de la Houhgton Library, y con William Bentick Smith, conservador de libros de caligrafías y ornamentos y director de la revista Harvard Allumni Bulletin. Ambos organizan una comida todas las semanas a la que Zóbel asiste asiduamente junto con otros invitados como poetas, bibliógrafos (Jacob Planck y Robert Metzdorf, que luego sería director de Sotheby’s en Nueva York) y altos cargos del staff de la Universidad. A lo largo de este año y el siguiente colabora como ilustrador gráfico para el Harvard Allumni Bulletin, una publicación dirigida a los licenciados en Harvard, con una serie de dibujos caricaturescos y de carácter irónico sobre temas relacionados con la vida de los alumnos en el campus de la Universidad.


Una vez terminada su estancia en Harvard se va de vacaciones a España. De este viaje se conservan, en dos cuadernos de apuntes, dibujos muy descriptivos y detallistas de todas aquellas cosas que llaman su atención: tipos españoles, toreros, cerámicas de Toledo, de Talavera y de Puente del Arzobispo, casas típicas de pueblos de Gerona, de Albarracín y de Guadalupe, entre otros 13.


A finales de este año regresa a Filipinas y empieza a trabajar en Ayala, la empresa de su familia. A la vez consigue pintar todos los días, levantándose muy temprano y dedicando todos los fines de semana a ello. Mantiene una correspondencia muy activa con sus amigos del mundo artístico americano.


1952 Regreso a Manila

Desde su regreso a Manila y hasta 1961, en que se instala definitivamente en España, compagina una doble vida, su trabajo en el mundo empresarial y su trabajo como artista (pintura, investigación, clases, mecenazgo, escritos, publicaciones...). Se une al grupo de pintores jóvenes que exponen en la Philippine Art Gallery. Sus mejores amigos en estos años son los pintores Arturo Luz, Hernando Ocampo, Anita Magsasay-Ho y Vicente Manansala, los escritores Rafael Zulueta da Costa, I. P. Soliongco y Emilio Aguilar Cruz. Participa en una exposición colectiva en la Asociación de Arte de Filipinas, Annual watercolour exhibition, y también en la exposición First anniversary exhibition en la Philippine Art Gallery con una acuarela sobre contrachapado titulada Stultifera Navis (Ship of fools). Introducido plenamente en los círculos artísticos más renovadores de Manila, Zóbel se implica rápidamente en el debate surgido entre los jóvenes pintores del momento sobre la relación del nuevo arte con la tradición y la identidad cultural de Filipinas. Sobre esta cuestión publica tres artículos, muy esclarecedores para conocer el momento artístico que vive Zóbel en aquellos años: “Pintura moderna en Filipinas”, “Arte actual en Filipinas” y “La expresión de lo artístico en Filipinas” 14.


Ingresa en la Asociación de Arte de Filipinas. Uno de los primeros proyectos que pone en marcha Zóbel en esta Asociación es la edición de un libro que recoge la historia del arte filipino desde el siglo XVI hasta el siglo XX, muy necesario dada la ausencia de estudios sobre el tema, que se publica en 1958 con el título The Art of the Philippines. Imparte un curso para posgraduados en la Universidad del Ateneo de Manila bajo el título “La apreciación del arte”.


1953 Es elegido presidente de la Asociación de Arte de Filipinas.


Primera exposición individual: Exhibition of paintings. drawings and prints en la Philippine Art Gallery. En esta exposición presenta un conjunto de obras en las que abandona los temas simbólicos y románticos bostonianos por una temática filipina costumbrista, que se encauza por un lado en los temas callejeros e intimistas y, por otro, en temas religiosos. En general están concebidas como superficies que se llenan de colores planos y muy vivos, donde a veces desaparece por completo la perspectiva tradicional, y en otras, referencias espaciales muy sutiles se combinan con espacios y figuras bidimensionales. La influencia de Matisse es importante en estas obras figurativas, que se caracterizan por una brillante textura donde a veces sobre las masas de color se superponen gruesas líneas negras que anuncian la gestualidad de obras posteriores. Con motivo de esta exposición publica un artículo sobre su método de trabajo que aparece bajo el título “Methods of Philippine Contemporary painters”, en el que escribe:


“Mi acercamiento es muy pausado. Tomo rápidos apuntes a tinta de los posibles motivos, o a veces a la acuarela. Lo hago continuamente, en cualquier sitio. Si el tema promete, hago dibujos, a veces bastante grandes. En el dibujo, intento resolver lo más posible algún aspecto de lo que será la pintura definitiva. Su gama cromática, por ejemplo, o su composición, o parte de ella. Por lo general, suelo acumular unos cincuenta apuntes y unos treinta dibujos antes de empezar la pintura final. En el caso de mi Bodegón antillano, por ejemplo, los preparativos duraron más de tres años. Me enfrenté a él como si se tratara de un problema enteramente nuevo, con sus propias reglas y su propia solución. El valor de este trabajo preliminar reside en que al empezar la pintura ya he cometido la mayor parte de mis errores; cuento con una especie de archivo mental. Esto me permite trabajar rápidamente en la pintura final. Intento terminarla en el plazo de una semana, como mucho. Si no lo hiciera, lo más probable es que empezara una nueva pintura sobre la vieja, y el proceso podría prolongarse hasta la eternidad. Además, al trabajar con rapidez puedo mantener cierta frescura de ejecución que considero esencial para la obra definitiva. El público no debe percibir el menor rastro de duda o experimentación. Después de todo, una pintura es, en cierto modo, como un discurso, y un buen orador no debe aparecer ante el público revolviendo papeles, tosiendo o tartamudeando (…).” 15


En este año se dan en su pintura los primeros intentos de abstracción en Reflected Sunset (1953) y Barco frutero II (1953), tentativas que pronto abandona por encontrarlas faltas de sentido y poco coherentes. Destruye estas pinturas y vuelve a la temática filipina. Algunos de estos primeros intentos los presenta en la exposición colectiva First Non-Objective Art Exhibition de la Philippine Art Gallery y en la II Bienal Hispanoamericana de Arte celebrada en la Habana con los cuadros Barco frutero I. Barco frutero II y Bodegón antillano (1953).


La Asociación de Arte de Filipinas le concede el primer premio por su cuadro Carroza (1953) en el concurso de pintura semianual.


José T. Joya, Carmen Rivera, Manuel Rodríguez, Arturo Luz, Fernando Zóbel, Cesar Legaspi, Nena Saguil y Fernando Ocampo
1953

1954 Manila

Segunda exposición individual, 12 Paintings by Fernando Zóbel, en la Contemporary Arts Gallery de Manila. Éxito de público y crítica que le sitúa en la corriente más renovadora del arte filipino. Persiste la temática filipina, que se enriquece al expresarse en óleo sobre lienzo. Participa en la Philippine Art Gallery en la exposición colectiva 16 Artists. Y en la VII Annual Exhibition en la Asociación de Arte de Filipinas.


Es reelegido por segundo año presidente de la Asociación de Arte de Filipinas.

Realiza las pinturas murales de una de las capillas de la iglesia de Forbes Park en Manila, dedicada a la memoria de su padre, inspiradas en las pinturas románicas catalanas de Tost, de Seo de Urgel y de Ribas. Publica en Manila una selección de sus dibujos: Sketchbooks. Fernando Zóbel. El libro contiene un ensayo de Arturo Rogerio Luz, introducción de Emilio Aguilar Cruz, un soneto dedicado al artista de Zulueta da Costa, nota técnica e índice anotado del artista.


A principios de este año, Zóbel, agobiado por la idea de vivir dos vidas tan dispares, entra en una crisis personal y artística de la que saldrá en 1955, en que nace un nuevo pintor tras un año en que viaja de nuevo a Estados Unidos y después a Europa.


Primer libro de apuntes y dibujos, publicado por Zóbel en Manila
1954

Providence, Massachusetts

En octubre inicia su estancia en la Rhode Island School of Design, invitado como artista-residente. Sus amigos James y Reed Pfeufer, que se han instalado en Providence, le procuran el puesto. En esta Escuela se dedica fundamentalmente al aprendizaje de las técnicas de grabado. James Pfeufer, profesor de grabado en Rhode Island, es quien le enseña las técnicas de la litografía, la manera de hacer orlas, bordes y filos en los libros, y en general el dominio del grabado. También asiste a clases de pintura, dibujo y arquitectura, además de dedicar gran parte de su tiempo a la lectura en la biblioteca de la Escuela. En Providence pinta varios paisajes con mucha pasta y vivos colores, y también algún retrato. El expresionismo abstracto triunfa en América, y su influencia pesa extraordinariamente sobre el ambiente artístico.


Primera exposición individual en Estados Unidos, en la Swetzoff Gallery de Boston, de cuadros pintados en Filipinas. A finales de este año descubre “deslumbrado” la obra de Mark Rothko, entonces relativamente poco conocido, en una exposición titulada Recent Paintings by Mark Rothko en el Museo de Providence, donde se muestran las obras en las que el pintor llega a esa fórmula que caracteriza su pintura de grandes manchas de color horizontales que inundan completamente la tela. Zóbel la visita todos los días fascinado y desconcertado por la elocuencia de estos grandes cuadros totalmente abstractos. A la vez, su amigo Ronald Binks le descubre las posibilidades de la fotografía, que satisface, con sus imágenes directas, el deseo de reproducir los temas que le atraen. Estos dos descubrimientos le llevan a replantearse su pintura y durante un año lucha por encontrar su lenguaje pictórico abstracto. Pocos meses después, en Granada, Zóbel recuerda estas pinturas de Rothko y escribe:


“No hay necesidad de pintar aquí. Han recurrido a la arquitectura. Cada refinamiento me hace pensar de nuevo en Rothko. También ocultan y buscan. Pero hay que sentarse en el suelo. Es absolutamente esencial. Hay que deducir los cuencos de alabastro por sus reflejos. Y por sus sonidos. No tiene ningún sentido empezar a enumerar aquí los panes y los peces. Ni de enumerar absolutamente nada, por esa misma razón. La cantidad aritmética consiste en tratar cualquier forma como si fuera una especie de chiste. Esto es para los sentidos: para los ojos, los oídos y la nariz, para esos especialistas. Si insistes en contar, te invadirá el vértigo. Lentamente. Y una omnipresente caricatura de la simetría. Una simetría bastante inoperante. Sorpresas ocultas al borde del aburrimiento; un juguete para las tardes calurosas. El cuadrado como principio rector; en otras palabras, la forma en blanco, lo neutral, el lienzo. El resto es tensión bajo un velo de languidez. Parece que cada suelo ha sido empapado de sangre en uno u otro momento. Esto también comunica. También el agujero en el horizonte, con pequeñas hojas de color verde manzana, rodeado por todos los muros imaginables, invitándote a olvidar todo este tedioso trabajo manual y a dar un salto (…).”16


1955 Providence

Exposición en el Rhode Island School of Design’s Museum of Art: Paintings by Fernando Zóbel and by Elias Friedensohn. Participa en la III Bienal Hispanoamericana de Arte, celebrada en Barcelona, en representación de Filipinas, junto a los pintores Nena Saguil, Luis Lasa y José Joya. Durante su estancia en Rhode Island aprovecha intensamente su tiempo: viaja a menudo a Harvard, a Boston, donde visita el estudio de Hyman Bloom, va al Museo de la Universidad de Yale (Connecticut) para ver la colección de la Société Anonyme reunida por Marcel Duchamp y Katherine Dreier, y realiza frecuentes visitas a Nueva York para ver exposiciones. Zóbel tiene la inmensa suerte de vivir in situ uno de los momentos más brillantes del arte norteamericano, y de ver directamente cómo nace el expresionismo abstracto. En uno de esos viajes rápidos para ir a ver galerías visita exposiciones de los pintores bostonianos Hyman Bloom y Jack Levine, de Giacometti, Picasso y de Mathieu en la Kootz Gallery. En estos meses, Zóbel visita al pintor americano, de origen filipino, Alfonso Ossorio en su casa en East Hampton (Nueva York), donde mantienen una larga charla hasta bien entrada la noche sobre la pintura y sobre el hecho de ser artista, que deja su huella en el joven Zóbel, inmerso en ese momento en un profundo cambio de rumbo existencial y artístico, del que nos ha dejado escrito:


“(...) pasé la mayor parte de la noche hablando con Alfonso Ossorio; de hecho, nos acabamos entre los dos una botella de whisky, y me acosté a las cuatro y media de la madrugada. Hablamos sobre todo de pintura y de lo que significa ser un pintor. Su discurso se resume en la frase ‘no dejes que te detengan’, repetida una y otra vez con diversas variantes y no sin cierta angustia. Alfonso vive y pinta intensamente, tratando de abarcar demasiado. Vive de las rentas (…). Detesta el compromiso y cualquier intento de popularización. ‘El arte debe ser difícil de ver, difícil de comprender, difícil de poseer’. Para él, lo ideal sería que la gente se viera obligada a elegir entre comprar un automóvil o comprar una pintura. Tiene unos diez años más que yo, y es indudablemente bondadoso, aunque su bondad parece desesperada, un tanto dostoievskiana. Es muy generoso. Y carece por completo de sentido del humor. Es inflexible y se ha pegado muchos batacazos. Mantiene un compromiso radical con su arte, que considera una prolongación de la religión. Vive espléndidamente al margen de la realidad. Infunde respeto y una envidiable admiración. Su obra, ahora casi totalmente abstracta, rebosa de ingenuidad técnica y de intenso colorido. Es profundamente fría, en contradicción con su emotiva apariencia superficial. Forzada y artificiosa, remite sólo al intelecto, no a la vista, y no logra convencer.


La casa de Alfonso, la vieja residencia Herter, es magnífica. Por fuera es sombría y descuidada, aunque resulta agradable; una de sus alas da a un lago con cisnes. Por dentro es deslumbrantemente blanca, limpia y desnuda. Tiene innumerables habitaciones sin amueblar, estancias blancas con cuadros de Clyfford Still, Pollock, unos treinta Dubuffets y obras del propio Alfonso. En el baño hay un De Kooning de primera época. Las habitaciones para invitados están decoradas con horripilantes baratijas de la colección de la ‘Société d’Art Brut’ que formó con Dubuffet y André Breton, objetos deprimentes y deprimidos realizados con cabello humano, cables y lana. Restos procedentes de papeleras y cubos de basura de los asilos, elegidos por el cuidadoso desagrado que suscitan. Abajo, una pérgola acristalada con una lámpara victoriana con pantalla de color malva, plantas tropicales y una figura de Giacometti sobre el piano”. 17

Durante estos meses en la Rhode Island School of Design continúa sus investigaciones en el campo de la bibliofilia y publica dos artículos. El primero trata sobre un manuscrito del siglo XVIII titulado Historia de un ruidoso desafío, de don Francisco Xavier de Santiago y Palomares, que pertenece a la colección del Department of Graphic Arts de la Harvard College Library 18. Y el segundo, con un tema más general, sobre los libros ilustrados por artistas 19.


Europa

En abril finaliza su estancia en Rhode Island y hace un viaje de tres meses por Europa junto a su amigo, el biólogo John Moir. Primero va a París, después a España (Úbeda, Ronda, Mérida, Granada, Sevilla, Madrid y Gerona), y por último viaja a Italia, donde visita Florencia, Rávena y Venecia, entre otros lugares.


En Madrid descubre la joven pintura española en la Galería Fernando Fe y visita el estudio de Benjamín Palencia. Sobre este primer contacto con la pintura española, Zóbel escribe:


“Conocí a Guillermo Delgado durante su exposición en la Galería Fernando Fe (…). Sus cuadros, radicalmente abstractos, revelan un proceso absolutamente controlado, absolutamente «resuelto», al contrario que el de los expresionistas abstractos. Trasfondo clásico. A cierta distancia, algunas de sus cosas podrían pasar por bodegones de Zurbarán. Había otras pinturas abstractas aproximadamente de la misma época. Recuerdo a Luis Feito y a Canogar. Todos, sin excepción, parecían estar a la defensiva”. (...) “Compré uno de los cuadros de Delgado. Le sorprendió que no le regateara el precio. Más tarde me confesó que era su primera venta importante. Los precios son altos en España, y los pintores acaban regalando los cuadros a sus amigos.” 20


Conoce a Gerardo Rueda, que será desde entonces uno de sus mejores amigos. De estos primeros contactos, y después de una fiesta que organiza Rueda para presentarle a otros pintores, Zóbel escribe el 19 de junio de este año:


“El estudio de Gerardo ya no era una guarida secreta. Estaba lleno de gente que bebía vino y comía tortillas a la francesa. Las dos Isabeles (Isabel Montojo e Isabel Garrigues), las Feduchi, se encargaban de que hubiera para todos y de lavar los platos. No dejaban que los hombres ayudaran, lo que me sorprende después de América. Gerardo y yo acordamos intercambiar pinturas. En muchos sentidos, pensábamos de manera similar.”


También en este viaje entabla amistad con Luis Feito, Guillermo Delgado y Antonio Lorenzo.


Manila

Al regresar a Manila mantiene sus contactos con España por correspondencia. Abandona la figuración y trata de sintetizar el luminismo de Rothko, la pintura matérica de Feito y Burri y la caligrafía de Kline y de sus propios dibujos. Destruye la mayoría de las obras de esta época.


Zóbel continúa sus investigaciones sobre la expresión de lo específicamente filipino en el arte a través del estudio de los objetos artísticos dispersos por las innumerables iglesias repartidas por las islas. Para ello se centra en una zona al norte de Luzón, en Ilocos, donde encuentra una serie de imágenes religiosas y exvotos en una iglesia del siglo XVI. Sobre el tema publica dos años después un artículo bajo el título de “Silver ex-votos in Ilocos” 21.


Publica un artículo sobre el arte americano y europeo que ha conocido en sus vacaciones: “Art abroad: an impression” 22.


1956 Exposición individual: Fifteen painting by Fernando Zóbel en la Philippine Art Gallery. Esta exposición de obras abstractas produce cierta sorpresa y tiene relativamente poco éxito, excepto entre pintores. En estas primeras pinturas abstractas encontramos sobre todo influencias del expresionismo abstracto americano, del “dripping” de Pollock, de Willem de Kooning y especialmente del gestualismo de Franz Kline.


Viaja a Japón por motivos de su trabajo en Ayala. Hace numerosas fotografías, especialmente de los templos y de los jardines de arena (de un jardín de bambú, del templo de Rioanji y su jardín de arena en Kioto, de los jardines de piedra del templo Daisén). A propósito de todo ello escribe:


“Voy con Dan a un jardín apartado, teñido de musgo (...). Aquí están todos los árboles grandes, pero en miniatura. Un efecto equívoco, medio tranquilizador y medio apremiante y, a la larga, bastante irritante. Las papeleras de cemento con forma de troncos de árboles también me molestan. El japonés no es ni budista ni cristiano. Es completamente de este mundo. Acepta la muerte como algo absolutamente irrevocable. La pobreza es otro asunto; la elude transformándola en un principio estético. La elegancia y la pobreza se funden en el shibui: la primera es purgada; la segunda, dignificada (...). La vida privada es un enigma o, en todo caso, se mantiene oculta.” 23


Después de este viaje, Zóbel reforma su casa de Manila dentro de una estética japonesa.


Participa en la exposición 6 Contemporary painters en el George Walter Vincent Smith Art Museum de Springfield junto con los artistas Cobb, González, Hillsmith, Sherman y Zerbe, y en la exposición de fotografías en la Philippine Art Gallery de Manila.


La Universidad del Ateneo de Manila le invita a impartir un curso de Historia del Arte para el año académico 1956-57. Las conferencias son bien acogidas, y los cursos se repetirán, con temas diferentes (arte contemporáneo, chino, japonés, etc.) hasta 1961, año en que vuelve definitivamente a España. De esta experiencia académica nace su amistad con una nueva generación de intelectuales filipinos y norteamericanos: los pintores Lee Aguinaldo y Roberto Rodríguez-Chabet, los poetas Emanuel Torres y Leónidas V. Benesa, el arquitecto Leandro V. Locsin y su mujer, Cecilia Yulo, y Tessie Ojeda, más tarde mujer de Arturo Luz y directora de la galería del mismo nombre. También entabla amistad con el joven arqueólogo y especialista en grabado Roger S. Keyes y su futura mujer, Keiko Mizushima, restauradora de papel y experta en grabado japonés.


Es nombrado Agregado Cultural Honorario de la Embajada de España en Filipinas. Desde este cargo consigue, con la colaboración de la UNESCO, becas para que los pintores filipinos puedan viajar al extranjero. Entre otros, se benefician de estas ayudas para viajar a España Arturo Luz, Legaspi, José Joya, Nena Saguil y Larry Tronco.


Conferencia sobre arte actual filipino: “Modern Art in the Philippines”, en el Rotary Club de Manila.


Publica un artículo sobre Gerardo Rueda 24.


1957 Exposición individual: Zóbel. an exhibition of new paintings, en la Philippine Art Gallery. La abstracción de su pintura evoluciona hacia la expresión del movimiento. Inicia una larga serie llamada Saetas en la que el tema es, como le confesó a Rafael Pérez-Madero años después, “el movimiento expresado metafóricamente por el empleo de la línea. Movimiento de hojas, de hierbas, de árboles, de pájaros, de personas; movimiento observado, sentido, nunca imitado; pero sí, espero, traducido25. En las Saetas, inspiradas en los jardines de arena japoneses que había visitado el año anterior, líneas caligráficas muy finas se superponen sobre fondos de color en los que trata de plasmar el luminismo rothkiano 26. El problema técnico que implica el emplear, al óleo, una línea fina, larga y controlada, se resuelve después de innumerables experimentos, mediante el empleo de la jeringuilla de quirófano. Este instrumento, que usa constantemente a partir de ahora, se relaciona estrechamente con la pluma de sus bocetos y dibujos. Estos, que llenan ya muchos tomos, constituyen una especie de diario dibujado que permite seguir el desarrollo de su pintura.


Publica un artículo sobre exvotos de plata filipinos titulado “Silver ex-votos in Ilocos” 27.


Invitación para la exposición de Zóbel celebrada en la Philippine Art Gallery en Manila.
1957

1958 Exposición Zóbel. Paintings / Schneidam. Sculptures en la Philippine Art Gallery, Manila.


Comienza a trabajar en unas excavaciones arqueológicas en la península de Calatagan, situadas en una finca de su familia, que son continuadas por el Museo Nacional de Filipinas bajo la dirección del Dr. Robert B. Fox. Descubren grandes cantidades de porcelanas chinas, cuyo estudio lleva a Zóbel a extender su interés por el arte chino en general y especialmente por su pintura y caligrafía, de la que llegará a ser un gran erudito. Los objetos encontrados en las excavaciones son donados al Museo Nacional por iniciativa de Zóbel. Como resultado de esta experiencia, y hasta 1960, recibe clases de técnica china con un pintor de Shangai, el profesor Ch’en Bing Sun. Sobre este asunto le escribe a su amigo americano Paul Haldeman:


“Aprendo a leer (no a hablar) y a escribir chino. Me encanta; es un mundo nuevo, una nueva forma de expresar lo que se piensa, tan diferente que afecta al propio carácter del pensamiento. Es un ejercicio ideal para el pintor: si logras dominar un pincel chino, seguramente dominarás cualquier cosa (...). En los ratos muertos estoy preparando una serie de 30 conferencias sobre arte chino y japonés. Pero qué maravillosa forma de tener que obligarse a aprender algo para organizarse. Por favor, envíame postales de cosas orientales.” 28


Su casa en Manila tras la reforma realizada después de un viaje a Japón.
1958

Es nombrado conservador honorario del Museo Nacional de Filipinas.


En octubre se toma un año de vacaciones y se instala en Madrid. Su casa se encuentra en el número 98 de la calle Velázquez. Desde este año comparte estudio con su amigo el pintor Gerardo Rueda 29. Entabla amistad con Saura, Sempere, Chirino y Antonio Magaz. Inicia la colección de pintura abstracta española que más tarde formará la base del Museo de Arte Abstracto Español de Cuenca.


Primer estudio de Zóbel en Madrid en su casa de Velazquez, 5
1958

1959 Exposición individual en la Galería Biosca de Madrid. Se trata de su primera individual en España, y también la primera vez que Juana Mordó, entonces directora de la Galería Biosca, expone a un artista abstracto. La exposición se divide entre Saetas y una nueva serie de cuadros caligráficos negros sobre blanco, la Serie Negra, que llega hasta 1963. Se publica el libro de Antonio Magaz-Sangro sobre estas obras: Zóbel. Pinturas y dibujos 30.


Participa en la exposición Negro y Blanco. Exposición homenaje a Chillida. Oteiza. Miró-Artigas. Tàpies y Palazuelo, en la Sala Darro de Madrid. En esta exposición, Zóbel se identifica con los pintores españoles de su generación, y este será uno más de los motivos que le llevan a tomar la decisión de dejar Filipinas y el mundo de los negocios y dedicarse por entero a la pintura.


Regresa a Filipinas, aunque su actividad artística queda centrada en España. Trabaja como socio-gerente de Ayala, pinta, enseña, continúa sus estudios arqueológicos, pero su mente está en España. Al finalizar el año, Zóbel resume así este difícil y complicado periodo:


“No es fácil determinar lo ocurrido el año pasado. Han pasado demasiadas cosas (...). España, en cambio, es una explosión de luz. Llena por completo el vacío. (…) Amigos: Gerardo y Manolo redescubiertos. Nuevos amigos: una extraña especie de hermandad espiritual en Tony Magaz; la humanidad de Antonio Lorenzo; la aguda inteligencia de Saura (...). Y hasta el placer de pasear por las calles y escuchar el sonido del español. El sonido del hogar. Puede que sea algo importante: este reconocimiento del hogar. Si hay que perderse en algún sitio, que sea en éste. Pese a todos los ornamentos, pese a la comodidad de la prosa inglesa, en última instancia me reconozco como español. Y lo demás es cuento. (...) Me encuentro a mí mismo en la pintura de España; soy uno más. Aceptado como tal por los otros, que son, en general, mis amigos. Me uno a ellos en el momento del descubrimiento, cuando empezamos a despertar interés. Sucede ante mis ojos: Tàpies cubierto de dinero y de gloria desde la Bienal de Venecia; Feito asentado en París; Saura en boca de todos; Canogar, con sus obras reproducidas a todo color en las revistas de arte francesas, sorprendentemente bien, y empiezo a participar en las exposiciones organizadas por el Gobierno en otros países: Suiza, Alemania, Escandinavia, Sudamérica. Es el momento propicio, por lo menos a ese nivel. Soy un pintor de renombre, con todo lo que eso significa. El verdadero descubrimiento es la posibilidad de aceptar un modo de vida.” (Manila, diciembre 1959).


Expone in absentia en una exposición de pintores españoles: La joven pintura española, itinerante por Basilea, Friburgo y Munich, entre otras ciudades.


         


NOTAS


8.  Sobre este tema publica en 1955 un artículo titulado “The artist and the illustrated book” durante su estancia en la Rhode Island School of Design.

9.  Sobre esta última reflexiona Zóbel: “El Prof. Jackson me niega la tesis de que lo feo puede tener, desde el punto de vista sociológico, tanto valor como lo bonito. O más bien, aclaremos, me niega que sea materia de colección. Se me ocurren todas las cosas feas que ahora son bonitas: los libros del XVI, luego del XVII, todo lo barroco, como lo fue antes lo gótico ‘ars barbara’. Y todo lo bonito que ahora es feo : Rafael Sanzio, Aubrey Beardsley, el imbécil de Meryon, Ribera. ¿Quién sabe? Me callo. Su punto de vista es correcto: hay que guardar lo mejor. Pero ¿lo mejor, lo mejor? ¿para qué? (...)” Fernando Zóbel, Cambridge, 20 de diciembre de 1950.

10.  Sin embargo, no había límites en la mirada del joven pintor. En el Fogg Museum de Harvard fue la escultura griega y la pintura china, en el Museum of Modern Art la obra de Soutine, en el Metropolitan los bronces arcaicos y armaduras medievales, en el Fine Arts de Boston, Rubens y El Greco. Según deja escrito, sus pintores favoritos de entonces son también Rembrandt, Georges de la Tour, Ródolphe Bresdin, los alemanes de la Escuela del Danubio y Samuel Palmer.

11.  Fernando Zóbel. Cambridge, 8 de marzo de 1951.

12.  Desde que comienza a pintar en Harvard nos encontramos con que la obra de Zóbel se puede seguir a través de dos caminos íntimamente unidos: por un lado sus cuadernos de apuntes, y por otro su pintura al óleo. Para comprender la dimensión tan completa de este artista (pintor, investigador, dibujante, grabador, fotógrafo, profesor, mecenas, coleccionista, escritor, bibliófilo, cosmopolita y viajero incansable) de amplísima cultura y de gusto sobrio pero exquisito, es imprescindible seguir su camino artístico a través de los cuadernos de apuntes catalogados y fechados ente 1950 y 1984.

13.  Cuaderno Zóbel. Filipinas 1951-1953 (F.Z.M. 4), fechado en junio-septiembre, 1951 y en Cuaderno Zóbel. Filipinas 1951-1953 (F.Z.M. 5), fechado en septiembre-marzo, 1952.

14.  “Pintura moderna en Filipinas”, Mundo Hispánico, enero, 1953; “Art in the Philippines To-day”, Liturgical Arts, Vol. 21, nº 2. Manila, septiembre 1953, pp. 108-109; y “Filipino artistic expression”, Philippine Studies, Vol. I, nº 2, Manila, septiembre 1953, pp. 125-130.

15.  Fernando Zóbel en AAP Bulletin, Manila, octubre 1953.

16.  Fernando Zóbel, Granada, 1955.

17.  Fernando Zóbel, East Hampton, 13 de marzo de 1955.

18.  “A Calligraphic Duel”, en Harvard Library Bulletin, Vol. IX, Harvard University Press, Cambridge, Massachusetts, 1955.

19.  “The artist and the illustrated book”, en Spectrum, Vol. V, nº 1, Providence, Massachusetts, 1955.

20.  Fernando Zóbel, Madrid, 10 y 11 de junio de 1955.

21.  Philippine Studies, Vol. V, nº 3, Manila, September 1957, pp. 261-267.

22.  En AAP Bulletin, Manila, 1955.

23.  Fernando Zóbel, Japón, 1956.

24.  En Five paintings by four Spanish painters, Vol. VI, nº 1, Ed. Art Association of the Philippines, Manila, January-February 1956, p. 27.

25.  En Rafael Pérez-Madero, Zóbel. La Serie Blanca, Ed. Rayuela, Madrid, 1978, p. 19.

26.  “Mis pinturas de movimiento están íntimamente relacionadas con la pintura oriental. La serie de las Saetas estaba inspirada en los jardines de arena japoneses. Todas aquellas líneas meticulosamente dibujadas con el rastrillo trasmiten un efecto inquietante”. Fernando Zóbel en la entrevista realizada por Armando Manalo: “Fernando Zóbel: a virtuoso of paint”, Pace, Manila, 24 de marzo de 1972.

27.  En Philippine Studies, Vol. V, nº 3, Manila, September 1957, pp. 261-267.

28.  Carta de Fernando Zóbel a Paul Haldeman, fechada el 6 de diciembre de 1959. Se encuentra en la Houghton Library de la Universidad de Harvard, Cambridge, Massachusetts.

29.  “El resplandeciente estudio que comparto con Gerardo se convierte en un punto de partida. Criamos concha como un nautilus. Es blanco, con plantas y pinturas de amigos, vidrios de La Granja de Gerardo, monedas griegas y romanas, libros, cuencos chinos y figurillas de Tanagra, botellas iridiscentes del oriente romano (...).”Fernando Zóbel. Manila, diciembre 1959.

30.  Madrid, 1959. 54 páginas, 10 láminas en blanco y negro. Varias reproducciones de dibujos intercaladas en el texto.

         


1960 Participa en la exposición colectiva Before Picasso after Miró en The Solomon R. Guggenheim de Nueva York.


Viaje a Tokio.


Fernando Zóbel, Roger Keyes, Arturo Luz y Kumiko Kondo en Tokio.
1961

Imparte un curso sobre arte chino y otro sobre arte japonés en la Universidad del Ateneo de Manila. Su enorme generosidad y su apoyo constante al mundo del arte afloran de nuevo en esta ocasión, pues el dinero que recibe Zóbel por estas clases lo dona para comprar fondos para la Biblioteca de la Universidad y reproducciones de pinturas importantes de la Historia del Arte 31.


Entre 1955 y 1960, Zóbel se da cuenta de que España reúne intelectual, sentimental y pictóricamente aquello que ha buscado toda su vida. Esta situación le crea una incesante inquietud respecto a su vida como artista, que compagina con el trabajo empresarial, lo que le lleva de manera inevitable hacia una crisis de identificación acompañada de un estado de fuerte depresión, contra el que intenta luchar pintando frenéticamente, y termina en una alarmante enfermedad de causa física desconocida. En diciembre de este año, Zóbel desmonta su oficina en Ayala y después de diez años de conciliar su vida artística con la de los negocios toma la decisión de irse a España a vivir y dedicarse por entero a la pintura.


1961 Exposición individual en la Luz Gallery, Manila. Esta galería la acaba de inaugurar este año su amigo Arturo Luz y pronto se convierte en la más importante de Filipinas. La exposición es grande, tiene un gran éxito; se trata del final de una etapa.


Establece su residencia definitiva en Madrid. Exposición individual en la Sala Neblí, Madrid. En ambas exposiciones muestra cuadros de la Serie Negra (1959-1962), caligrafías negras sobre blanco. Al desaparecer el color se anulan las vibraciones producidas por el contraste de uno o varios colores, y al mismo tiempo consigue sugerir dirección, velocidad o volumen mediante los barridos a brocha seca de las caligrafías negras. Técnicamente se sirve de una jeringuilla de inyecciones con la que recorre el lienzo con amplios trazos que se angulan o se abren meditadamente sobre el blanco desnudo. Esta utilización del blanco y el negro lleva de forma generalizada a los críticos de la época a considerarle un pintor informalista; sin embargo, y a diferencia de otros pintores como Saura, Millares o Canogar, Zóbel medita, observa y estudia, no se fía de su mano, del gesto improvisado, y de esa actitud no surge el grito, el paroxismo o la denuncia. Zóbel se distancia del informalismo y lo explica clara y concisamente en un texto en el que define su pintura en la Serie Negra:


“Pintura de luz y línea, de movimiento. Cuadros de ejecución rápida, improvisada, como la pintura china y japonesa. Improvisación permitida por un meditado sinfín de dibujos. Línea; trayectoria. Huella de movimiento. Pintura sin aspavientos, sin angustias, sin tremendismo. Tradicional, sí, pero de la ‘otra’ tradición española. De la de Velázquez en contraposición a la de Goya (lo cual no significa desprecio). De ese Velázquez que da el mismo valor a la Infanta, al traje que lleva y a la cortina que tiene detrás de su cabeza. El pintor no opina ni juzga: hace. ‘A statement’. Hay agradecimiento. Conciencia de lo mucho que se ha pintado. Abstracto para ser más claro. Quizás por modestia. Y por falta de interés en el género de comestibles. Y por valorar demasiado las cosas, que no es lo mismo que valorar su aspecto. Intimidad. El sillón de Matisse que tanto escandalizó a los rusos. ¿Pintura de cámara? De todos modos, sonrisa. Y no siempre irónico. Y por qué no.” 32


Fernando Zóbel en su estudio de Madrid, con cuadros para la exposición de la Sala Neblí
1961

A lo largo de los diez años pasados en Filipinas, su interés por la arqueología, la escultura religiosa y el arte contemporáneo filipino le habían llevado a reunir muy buenas colecciones en los tres campos, y como colofón a su mecenazgo en las islas dona a la Universidad del Ateneo de Manila estas colecciones, con las que se crea la Ateneo Art Gallery en junio de este año. Las pinturas de esta colección iban desde los estilos figurativos hasta la abstracción, y en ella estaban representados algunos de los artistas filipinos más importantes de aquellos años, como Arturo Luz, Vicente Manansala, José Joya y Hernando R. Ocampo 33.


Publica un artículo sobre porcelanas filipinas: “The first Philippine porcelain” 34.


1962 La Universidad del Ateneo de Manila le otorga el primer doctorado honoris causa de la Universidad, y también el título de director honorario de su Museo.


Participa, entre otras, en dos importantes exposiciones colectivas fuera de España: Modern Spanish Painting en la Tate Gallery de Londres (el cartel de la exposición reproduce Colmenar de Zóbel), y la XXXI Bienal de Venecia, exposición en la que conoce a Gustavo Torner, entre otros pintores 35.


Exposición Modern Spanish Painting en la Tate Gallery con cartel de Zóbel que reproduce el cuadro Colmenar
1962

En Madrid, participa en la exposición Cinco pintores. Sempere. Rueda. Manrique. Vela y Zóbel en la Galería Neblí.


Exposición colectiva en la Galería Neblí en la que participan (de izqda. a dcha.) Gerardo Rueda, Vicente Vela, César Manrique, Fernando Zóbel y Eusebio Sempere.
1962

Viaje a Chicago. Visita, junto a su amigo Mike Dobry, una exposición de pinturas del actual Museo del Palacio Nacional de Taipei (antigua Ciudad Prohibida), en Taiwan, en el Art Institute de Chicago 36.


Sobre esta exposición escribe:

“Fui con Mike Dobry a ver las pinturas de Gu Gong expuestas en el Art Institute. Los paisajes Song son mucho más grandes de lo que pensaba. Las reproducciones que conocía, al ser mucho más pequeñas, no permitían hacerse una idea de la gran cantidad de caligrafía que contienen. Pensaba que era posterior. (Pero el contenido reina sobre la forma. Rembrandt y Velázquez se habrían sentido como en casa; sobre todo Rembrandt). Incluso las que se supone que son las mejores pinturas Qing ‘de letrados’ resultan descuidadas y poco precisas. ¿Estoy equivocado? ¿O son ante todo, como sospecho, autógrafos firmados por misteriosos personajes ilustres que juegan con la brocha en beneficio mutuo? Después de todo, muchos de nosotros hacemos algo parecido. Y supongo que algunos de los resultados parecen terriblemente torpes. Las notas a pie de página están ahí, para complacer a quienes se dan cuenta.


Los ‘viajeros’ de Fan Guang complacidos en su colosal existencia, el artista concentrado en su tema, utilizando el pincel como un medio, no como un fin. Mike dirigió mi atención hacia Pesca en un río nevado, de Xu Daoning. Nítida, decidida; vacuidad en calma. Una vacuidad japonesa, pero sin azúcar. Después de un rato, la tarta y, más aún, lo insípido, siempre parecen lo mejor. En cierto modo, qué poca cosa hay en todo esto; estas obras endebles circundadas por el repetitivo e incoherente discurso de los siglos. A su lado, nuestros Louvres y Prados parecen densos, fuertes, llenos de mobiliario y gesticulación. El mundo chino rebosa de privacidad. Estas obras, que no fueron creadas para ser expuestas públicamente, tienen una apariencia embarazosa. Ofenden la modestia. (...)” 37 Viaje a Venecia para asistir a la inauguración de la XXXI Bienal, y a Roma. A la vuelta de ese viaje, el 20 de julio, escribe en Madrid:


“Hace casi una semana que hemos vuelto de Venecia Gerardo [Rueda], Alfonso [Zóbel] y yo. He tardado una semana en volver a organizarme. Me noto patoso. Mi pintura, que tiene cierto elemento de virtuosismo, me obliga al ejercicio casi diario; los huecos se notan. Del viaje en concreto, me quedan unos trescientos dibujillos. La Bienal es una especie de mercado de esclavas donde se olfatea y se es olfateado. Demasiado cuadro. No llegué a verlos todos. Creo que no llegué a ver ni la mitad. En el pabellón español, lo mismo. Parecía un escaparate de la calle Hortaleza o Fuencarral. Lo mío hacía bien contra las paredes pintadas en negro. Dentro de tanto jaleo, su sencillez se denotaba. Me ofrecen exposiciones en NY, Chicago, Los Angeles, San Francisco (Feingarten, Bodley), en Roma (La Salita, Don Quixote), en Nápoles. Me parecen muchas, demasiadas. (...) Manessier, por política y sin razón, se llevó el Gran Premio. Giacometti, con razón, se lo lleva en escultura. Sus cuadros se han abandonado terriblemente de 1957-59. Para mí lo mejor de Venecia fueron los pabellones de Jean Paul Riopelle y de Hundertwasser. El último me cogió completamente por sorpresa. No teniendo quien nos defendiera ante el jurado, los españoles nos quedamos con las manos vacías. (...) El Presidente Segni, cansado y distinguido, mascarón de proa con chaquet, rodeado de funcionarios y militares estrepitosamente decorativos, visitó cada pabellón y tuvo frase lapidaria para cada artista. Delante de mis cuadros, exhausto de tanto decir, me hizo una especie de gesto aéreo con las manos como si fuera un avión tomando el vuelo. Evidentemente ve las cosas más claras que muchos críticos. (...) Lo mejor de la Bienal es Venecia. Ese inmenso juguete. (...) De Venecia se ha dicho todo. Está gastándose de tanta mirada. (...) Volvemos a Roma mirando todas las fuentes que vamos encontrando. (...) Maravillosa exposición retrospectiva de Mark Rothko. Nuevos colores, a la vez que vibrantes y sombríos. Los mejores cuadros que veo en todo el viaje si exceptuamos un Bonnard que hay en Venecia, un desnudo de mujer ante un espejo en colores que se retuercen y chisporrotean. Todo es color en Italia. Qué ganas de comprarme una caja de acuarelas y hacer el tonto. De pintar con veladuras. También: maravillosos los pequeños bronces etruscos en la Villa Giulia. Me paseo por todas partes dibujando; en Venecia a Tintoretto, en Roma fuentes y agua. Me compro una linterna romana de bronce, un sestercio de Lucio Vero, una gema tallada del XVIII, un grabado de dos caras de chica de Renzo Vespignani. (...)”


En Madrid se cambia de casa y estudio al número 12 de la calle Fortuny. Empieza a grabar con Dimitri Papagueorghiu, y con Antonio Lorenzo se dedica activamente al grabado en aguafuerte. En relación a esta actividad como grabador mantiene una intensa correspondencia con su amigo y grabador norteamericano Bernard Childs. Viaje a París con Antonio Lorenzo y Gerardo Rueda. Octubre. Visitas al Museo del Louvre, galerías y a su amigo Bernard Childs que les hace una sesión de grabado. Childs es el amigo que más le influye, y el que le enseña los secretos y problemas en cuanto a tintas, planchas, papeles, etc. 38 De esa visita al estudio de Childs, Zóbel escribe:


“Antonio y yo viendo grabar a Childs. Le impresionan los aguafuertes de Antonio - ‘only two weeks’. Detalle: desde entintar una plancha hasta que acaba de pasarla por el tórculo, Bernard tarda dos horas y media. No desperdicia movimientos. Entinta con espátula y limpia con papel de periódico. El proceso de entintar es como si pintara cada plancha. No hay cosa más bonita que ver a alguien hacer algo que sabe hacer de veras. Bernard usa más la cabeza en entintar una plancha que la mayoría de los pintores que conozco emplean en pintar un cuadro. (No le gusta el aguafuerte, lo encuentra indirecto). Salimos a la calle atontados, con la cabeza llena, y nos vamos a Charbonnel a comprar materiales”.


Completa este relato el que nos ha dejado el pintor Antonio Lorenzo en el prólogo de la catalogación de su obra gráfica de cómo se interesó por el grabado a raíz de este viaje con Zóbel a París. “No fue hasta 1960, en un viaje que hice a París, con Fernando Zóbel y Gerardo Rueda, que me interesé por el grabado. Sucedió en el estudio parisiense del artista norteamericano Bernard Childs, antiguo conocido de Zóbel. Nos hicimos amigos. Mostré curiosidad y me permitió que mojara el papel y tirara de las aspas del tórculo... Bernard Childs me inició y Zóbel, algunas veces presente –se pasaba el día buscando libros y grabados–, conocedor de mis debilidades, hizo el papel de tentador llevándome rápido a la casa Charbonnel para adquirir tintas, rascadores, punzones, bruñidores y muchas cosas más, rematando la compra con un pequeño tórculo al cual quitamos las aspas y metimos en el maletero del coche.” 39 Viaja a Nueva York de camino a Manila, a donde suele ir a pasar las Navidades. Este viaje coincide con el año en que el Pop Art está en plena efervescencia en Estados Unidos, y en él Zóbel visita la histórica exposición New Realisms en la Sidney Janis Gallery, sobre la que anota lo que sigue a continuación:


“Súper exposición en Janis. Súper catálogo. Todo súper menos los objetos. Los encontré forzados y aburridos. En Wittenborn veo un libro: Do it yourself collages. Los críticos creen que el arte moderno ha revolucionado el arte publicitario. Es al reves.” 40


Un año después, el 17 de noviembre de 1963, vuelve a escribir sobre el tema:


“Pop-art se nutre del anuncio, de la foto, de la vulgaridad. Me parece excesiva esta doble digestión; basta con la primera. El rasguño que produce el montón de latas de sopa lo siento y lo he sentido perfectamente sin que me lo tenga que enseñar Roy Lichtenstein o Andy Warhol. (Pero es un arte de cara al público). Se han equivocado con este juego de modas, hay que buscar lo otro, lo que no cambia, lo que sirve. Esto de aquí es una especie de cosquillas.”


Sus visitas al Museo del Prado son constantes, siempre acompañado de su cuaderno de apuntes para estudiar y analizar con su pluma pinturas del pasado. Esas visitas son largas y por ello solicita una tarjeta de copista del Museo del Prado para poder sentarse y dibujar con más comodidad. 41 Comienza su afición a los toros (deja en sus cuadernos de apuntes numerosos dibujos y críticas taurinas). Colecciona cerámicas españolas en blanco y azul de los siglos XIV al XVIII y piezas en plata del barroco español.


Fernando Nuño expone sus fotografías de artistas en la Sala del Prado del Ateneo de Madrid, entre ellas de Fernando Zóbel pintando.


Zóbel empezó a comprar obras de pintores españoles de su generación en 1955. Desde entonces hasta este año tiene en su todavía pequeña colección obras de Antonio Saura, Gerardo Rueda, Luis Feito, Guillermo Delgado, Antonio Lorenzo, Manuel Millares y Eusebio Sempere. A finales de año, y antes de emprender el viaje hacia Filipinas, Zóbel menciona por primera vez el “proyecto Toledo” (futuro Museo de Arte Abstracto). Se trata de la primera idea sobre qué hacer con su colección de pintura de artistas españoles abstractos:


“Me voy con pocas ganas. Me despido de Antonio [Lorenzo] y de Gerardo [Rueda]. Hablamos del proyecto Toledo” (Madrid, 27 de noviembre de 1962).


La Serie Negra finaliza este año con el Ornitóptero (1962).


1963 De 1963 a 1975 se extiende la etapa más larga en la pintura de Zóbel. Este año vuelve al color y entran lentamente los sienas, los tostados, ocres y grises en obras como Atienza. Armadura III o Pancorbo. El tema del recuerdo, ya apuntado en las series anteriores, toma cuerpo en esta nueva etapa, en la que Zóbel, mediante formas, objetos e imaginación, propone, según sus propias palabras, “recordar en términos pictóricos”. En el preludio de esta etapa colorista Zóbel desarrolla la idea de una pintura basada en el recuerdo de la experiencia vivida, que encuentra su parangón literario en la magna obra de Marcel Proust En busca del tiempo perdido. Sobre la influencia de Proust en su pintura, Zóbel se explica con gran claridad al hablar del Homenaje a Patricio Montojo (1963), actualmente en el Museo de Arte Abstracto Español:


“Siempre me ha impresionado esa parte del Côté de chez Swann en que Proust describe un paseo por Combray –un paseo por país y época que no son míos y que acaban siéndolo, mejor dicho– a medida que voy leyendo, voy reconociendo con extraña nostalgia, inexplicable, el sabor de mi propia niñez. En otra ocasión, hace más de dos años, creo me propuse una especie de pintura basada en el recuerdo; mejor dicho, una pintura de clima, dejando al espectador la tarea de completarla con sus recuerdos. El realista propone ese pan, esa flor. Yo quisiera crear un clima en el que apareciera el pan, la flor, propuesta por la imaginación del espectador. El Homenaje a Patricio Montojo tiene algo de eso; lo estuve comentando largamente anoche con Toni Magaz. No es que se trate de una batalla naval. El cuadro evidentemente es una composición abstracta. Pero a mí, poniendo elementos exteriores al cuadro, y a Toni, que contribuye con elementos personales bastante parecidos a los míos, nos resulta claramente una batalla naval. El norteamericano culto probablemente vería una escena de Melville. Esta mañana a Rubio Camín le salió un escena de mesetas (la figuración siempre resulta clara, rozando el realismo más extremo, sin embargo varía de persona en persona, la meseta tan clara como la batalla). El cuadro establece el clima, ‘en el orden de’, como diría Torner. El espectador lo completa con su experiencia subjetiva, que para mí se traduce en batalla (con todo su detalle de luces, de árbol que flota, olas, pólvora sobre el agua) y para Camín se traduce en meseta (rocas, plantas resecas, brumas, choza de pastor, etc.). Esa definición del cañón que daba Ortega: `Se toma una agujero y se le rodea de hierro...´ etc. (Cuadro agujero que lo llena el espectador. Yo pongo el hierro que da forma al agujero). Retrospectivamente se llenan de sentido obras anteriores: El Faro, La primera amapola, etc. Se abre todo un panorama de pintura; toda una forma de hacer que aún no se ha intentado. Pintura subjetiva (hasta ahora subjetivizada por el pintor); ahora dirigida hacia el espectador. Pintura espejo. Me expreso mal porque los límites y las posibilidades no los veo aún claros. Con el tiempo se irá ordenando todo esto.” 42


Exposición de dibujos en la Galería Fortuny, Madrid. Se publica un libro sobre sus dibujos: Zóbel. Dibujos, drawings, dessins, con un texto de Antonio Lorenzo43.



Con Manolo Millares en la inauguración de la exposición de dibujos de Zóbel en la Galería Fortuny de Madrid
1963

Durante este año, la idea de instalar su colección de pintura en algún lugar fuera de su casa de Madrid va tomando forma. Para ello, en abril se va con Gerardo Rueda a Toledo a ver casas, pero no encuentra nada que le satisfaga. Pocos días después, Gustavo Torner le invita a pasar el día en Cuenca para que conozca su casa y la ciudad, junto con José María Agulló, Rafael y Carmen Leoz y Juana Mordó. En junio, el proyecto del museo va tomando forma, cuando a través de Gustavo Torner, el alcalde de Cuenca le ofrece el edificio de las Casas Colgadas (que en este año están en restauración, y su utilidad aún por decidir) para instalar su colección. Una vez vistas las casas, Zóbel se decide rápidamente. El 16 de junio, después de visitar las Casas Colgadas, escribe:


“Dos días en Cuenca con Torner y Lorenzo. El alcalde Rodrigo de la Fuente no nos pone más que facilidades y soluciones. Echamos un vistazo. Se puede poner un museo magnífico en las Casas Colgadas. 20-30 años de renta nominal y los cuadros quedan en mi propiedad. Me las dan acabadas, pero una vez dadas los gastos corren de mi cuenta. (...) Lo veo bueno y bonito y casi me ahorro un millón de pesetas de casa que las puedo dedicar a cuadros. Lo interesante sería atraer a pintores a que se vengan a veranear. El mechón de la fortuna, cuando se presenta, hay que agarrarlo. De otra forma remordimiento.”


La existencia de un espacio para instalar su colección afecta profundamente al contenido de la misma, y a partir de este momento Zóbel ve necesaria una representación más completa de los artistas de la generación de abstractos españoles. Zóbel elige las obras y siempre procura que el artista participe de la elección. No acepta obsequios ni donaciones, y por tanto puede actuar con la máxima libertad. Generalmente compra directamente a los artistas, otras veces en galerías de arte, en alguna ocasión mediante el intercambio de su obra con la del artista, y en otras, el artista hace una obra explícitamente para el Museo. Desde este momento forma un equipo con Torner y Rueda, que se ocuparán de la adecuación de los espacios del Museo y de la instalación de las pinturas. En julio, Zóbel se instala en Cuenca. Y en septiembre empiezan las obras del Museo. Zóbel, entusiasmado con el proyecto del Museo, le escribe a su amigo americano Paul Haldeman (4 de octubre de 1963):


“Mi gran proyecto ahora es un Museo de Arte Abstracto Español en la ciudad de Cuenca, a dos horas y media de Madrid. En las célebres Casas Colgadas, que el Ayuntamiento, con visión de futuro, ha accedido amablemente a alquilarme durante treinta años por el equivalente a un dólar y medio anual. Todos contentos. Tengo la impresión de que va a ser uno de los pequeños museos más adorables del mundo. Como yo seré el propietario, el director, el conservador, el comité de adquisiciones, el mecenas, el consejo de administración y el dictador, creo que lo pasaré muy bien. La ambición de mi vida: un último club con un único miembro: yo. (Sólo habrá espacio para unas cuarenta pinturas, pero las expondré con todo el glamour que mi ferviente imaginación de joyero pueda concebir)”.


En octubre compra Sarcófago para Felipe II (1963), de Manuel Millares, una de las obras más importantes del Museo. Después de visitar al artista en su estudio, escribe:

“El otro día me llamó Manolo Millares, que se ha enterado de lo del museo, y me dijo que tenía un par de cuadros que quería que viera antes de que llegara Pierre Matisse, porque le gustan y sobre todo le gustaría que se quedara alguno en España. Fui con Gerardo después de comer. (...) Me dice que la arqueología es lo que más le interesa después de la pintura. Vemos los cuadros. Un tríptico muy bien hecho, a base de culos y corsés, que se refiere al caso Profumo. A mí me parece poco Millares y sobre todo demasiado tópico. Prefiero el otro, un díptico grande que representa un sarcófago, el cadáver de Felipe II, o lo que sea. Con toda su pobreza y con toda la brutalidad de la materia, es de una elegancia impresionante. La diferencia entre pop-art y Millares es que Millares estetiza, compone. El susto no es el asunto, es más bien una propina o algo parecido. Él mismo lo dice: ‘El neo-dadá no me interesa lo más mínimo.”


Un año después le compra otra obra, una arpillera titulada Cuadro que aparece reproducida en el primer catálogo que edita para el Museo de Arte Abstracto en 1966. En 1963 también compra dos obras a Manuel Rivera, Espejo de duende y un paisaje.


Este año da por finalizadas sus investigaciones sobre arte filipino, y publica en Manila un impecable estudio titulado Philippine Religious Imagery sobre las imágenes filipinas pintadas, esculpidas o modeladas durante el dominio español, entre 1565 y 1898. Con este estudio concluye Zóbel que si en algún lugar se puede estudiar la existencia de un estilo filipino con unas características peculiares es sin duda en la estatuaria colonial.


Zóbel publica en Manila un importante estudio sobre la imaginería religiosa filipina bajo el título Philippine Religious Imagery.
1963

Conferencias: una sobre “El renacer de la pintura española” en el Colegio de Leyes del Ateneo de Manila, y otra sobre “El mundo del pintor oriental”, en un curso organizado por la Cátedra San Pablo en Madrid.


1964 Rechaza una cátedra en Historia del Arte que le ofrece el Mills College de Berkeley (California).


Exposición individual en la Luz Gallery de Manila. También trabaja en una serie de aguafuertes en el taller del pintor Manuel Rodríguez en Manila. En Madrid, exposición individual en la Galería Juana Mordó, inaugurada este año por la galerista del mismo nombre. Es su primera exposición en España tras su vuelta al color.


Viaje a Nueva York con motivo de su presencia en el pabellón español en la New York World Fair, y para concretar su exposición en la Bertha Schaefer Gallery para el año siguiente. Año de intensa actividad en torno al Museo, adquisiciones, viajes, visitas a estudios, etc. Con enorme prontitud, Zóbel consigue atraer a Cuenca a un buen número de artistas, entusiasmados con la idea del Museo. En la Semana Santa de este año ya tienen estudio en la ciudad, además de Antonio Saura y Gustavo Torner que viven allí, Gerardo Rueda, Manuel Millares, Manuel Hernández Mompó y Amadeo Gabino. Y Zóbel escribe:


“Mompó llegó ayer para quedarse en la casa. Millares y Serrano fueron el día anterior. Escassi se queda con Ángeles Gasset. Vi a Greco y Adriansens en la calle. El lugar está lleno de pintores. Absolutamente repleto.”


En este año compra algunas obras a José Guerrero, a Gustavo Torner y a Manuel Hernández Mompó, que realiza expresamente para el Museo Semana Santa en Cuenca. También la presencia de Chillida en la colección es otro de los objetivos para este año. Por mediación de Antonio Saura, ambos artistas se conocen en Cuenca en mayo, y Zóbel le pide una pieza para el museo 44. A finales de este año, Chillida le contesta a Zóbel que ya tiene la escultura para Cuenca; se trata del Abesti Gogora IV (1959-1964) 45.


Sobre esta escultura y las conversaciones que mantienen en diversos encuentros, Zóbel escribe con extraordinaria lucidez sobre la calidad del pensamiento y de la obra del artista vasco:


“Chillida, más simpático que nunca, me dice que tenemos una escultura. Es grande. Punto de partida para otra mayor. Maeght no cobra comisión, total que se queda por la mitad de su precio normal; sobre los 350 k. (que será barato –y evidentemente lo es– para un Chillida –pero casi acaba con mis recursos). Por la foto es de madera, reconcentrada con ese extraño cuidar de todos los detalles que caracteriza a Chillida. Lleva casi tres años dándole vueltas a ésta. (...) Eduardo quiso ser artista desde muy joven. Lo que más le costó fue dejar la carrera empezada de Arquitectura por no hacer daño a la familia, pero no hubo más remedio que dejarla a medio camino. Estuvo hablando de cuando jugaba al fútbol y de la fama que tenía en la época en que todos los partidos acababan a bofetadas. No ha guardado ningún recorte de esa época gloriosa, y sus hijos (ocho) apenas le creen cuando cuenta que jugó en el Real Madrid. (...) Trabaja lentamente. Las ideas le van surgiendo del trabajo. El Abesti Gogora IV de Cuenca lo ha estado trabajando desde 1961 y lo acaba de terminar hace un par de meses. Una vez acabada la obra, se separa de ella sin ningún esfuerzo; se la sabe de memoria (a mí me pasa algo parecido, en contraste, por ejemplo, a Manolo Mompó. Quitarle un dibujo a Manolo es como arrancarle una muela (...)”. ”Eduardo Chillida está aquí para la Canada Cup. Le encanta el golf. Vino a cenar con Pili y los Lorenzo. Tenía ganas de hablar y no paró de decir cosas bonitas hasta las dos. Antonio y yo nos dedicamos a pincharle, fundamentalmente. En París, trabajó día a día durante dos terribles años entre la figuración y la abstracción, sin lograr terminar nada. En un determinado momento, decidió volver a la figuración para recobrar su equilibrio, y descubrió horrorizado que ya no sabía cómo. Pánico. Paseó por los Quais durante horas –recuerda que en algún momento se detuvo frente a un escaparate lleno de maniquíes y se dijo a sí mismo: ‘el hombre que hizo esto por lo menos sabía lo que hacía’. Decidió que quizás París le estaba afectando negativamente, y regresó a Hernani, recién casado, con poco dinero y sin tener nada claro su futuro. Fue el momento más crítico de su vida. Creía que estaba acabado como escultor.
Aquellos dibujos de manos. No los hizo cuando estuvo enfermo; lo que hizo durante su enfermedad fue toda una serie de abstracciones serpenteantes con tinta y pincel chinos. (...) Mi Abesti Gogora es la primera de la serie; su primera escultura en madera. Costó años terminarla, con muchas pausas y finales en falso. Era mucho más grande de lo que es ahora. `El corazón sigue siendo el mismo, hay que quitarle lo que sobra. El escultor no ve de la misma forma que el pintor. Mira en profundidad. Si estuviera haciendo tu retrato, yo no vería ningun perfil. Miraría al centro de tu cráneo y desde allí irían saliendo las formas, desde dentro´. Rechaza a Calder y a Henry Moore. (...) Le gustan Giacometti y Lippold. Le apasiona Medardo Rosso. Me comentó que viera en París a un pintor español de más edad, casi desconocido, llamado Fernández. Prácticamente desconocido. Muy honesto. Le pedí que me enviara fotografías o alguna cosa. Hablamos de la gente que escribe sobre arte. Después empecé a traducirle pasajes chinos de las recopilaciones de Lin Yutuang. Estaba fascinado: ‘debo tener algo chino metido en el cuerpo’. Su favorito era Gaston Bachelard. ‘Esos jóvenes con barba no ven más allá de sus narices; la mayoría de las veces no tienen la menor idea de lo que está hablando’. Bachelard escribió la introducción al primer catálogo de Chillida, quien movió cielo y tierra para contactar con él; cuando se encontraron, se produjo casi de inmediato una identificación intelectual. Chillida sólo quería que Bachelard le diera permiso para citarle; ‘mais nous sommes frères!’, dijo el poeta, y decidió escribir la presentación. (…) Chillida nunca utiliza modelos; dibuja para definir la atmósfera, y después deja a un lado los dibujos y se enfrenta al material definitivo. En cierta ocasión intentó dibujar a partir de un modelo y el resultado fue desastroso (...).”


Publica un artículo sobre Gerardo Rueda en Manila 46, y también escribe este año el prólogo del catálogo de la exposición de la colección Johnson Arte actual USA. Esta exposición está organizada por la Dirección General de Bellas Artes, y se celebra en Madrid, en el Casón del Buen Retiro.

1965 Breve viaje a Manila, donde imprime un portfolio de 24 pequeños aguafuertes, Libro de horas, en los talleres de Manuel Rodríguez, y pronuncia la conferencia “Philippine Folk Art”.


Viaje a Nueva York con motivo de su exposición individual en la Galería Bertha Schaefer.


Exposición individual en la Galería Sur de Santander. Desde que decide instalar en Cuenca el Museo de Arte Abstracto, los viajes a esta ciudad son constantes; en la carretera y en la ciudad encuentra durante estos años la mayor parte de sus temas para paisajes, como Tarancón (1964), Balcones (1964), Carretera de Valencia (1966) y otros muchos que pintará con el paso de los años. Poco a poco, la ciudad y su entorno se van apoderando del pintor, y Cuenca llena sus cuadernos de apuntes, sus cuadros y también sus escritos. En abril, una vez en Cuenca, después de estar en Manila y Nueva York para su exposición, escribe:


“A medida que conducimos, la tensión disminuye. Nueva York parece infinitamente remota. Empiezo a sentirme de nuevo yo mismo tras pasar Tarancón. Una luz tenue y fría con nubes. Árboles acampanados a ambos lados de la carretera esperan un ensanchamiento que tardará una década en producirse. Han caído las flores de los almendros y todavía no han llegado las amapolas; la primavera al borde de su segundo aliento. Lentamente, renace mi apetito por la forma y el color de la meseta y empiezo a sentirme de nuevo un pintor. En realidad, casi no he tocado un pincel en tres meses.”


Viaje a Barcelona, octubre. Con Gerardo Rueda y Gustavo Torner, para visitar a Tàpies en su estudio y comprarle una obra importante para el Museo. Zóbel ya tenía reservada en la Galería Stadler de París Grand Equerre, pero quiere saber lo que opina Tàpies al respecto. Finalmente, y de acuerdo con Tàpies, se decide por esta obra.


1966 Fallece su madre, Fermina Montojo y Torróntegui.


Exposiciones individuales en la Galería Juana Mordó de Madrid y en la Galería La Pasarela de Sevilla, en la que pronuncia una conferencia sobre la “Pintura abstracta española en el Museo de Cuenca”. Zóbel pinta poco mientras finalizan las obras del Museo. Cuelga solamente dos de sus cuadros: el Ornitóptero (1962) y Pequeña primavera para Claudio Monteverdi (1966).


Con Hans Hartung, Antonio Lorenzo, Juana Mordó, Luis Figueroa Ferretti, Eusebio Sempere y Amparo Martí.
Exp. de Hartung en la Sala Neblí. Madrid.
1966

Inauguración del Museo de Arte Abstracto Español de Cuenca, 30 de junio. Al día siguiente escribe sobre esta inauguración:


“Una inauguración sencilla: el gobernador, el alcalde, el presidente del Consejo, Rodrigo, Fernando Nicolás y algunos periodistas locales. Le pedí a Rodrigo que abriera la puerta (visiblemente impresionado, sorprendido y complacido), y lo hizo, no sin dificultad, utilizando la gran llave de hierro decorada con una cinta púrpura. El museo estaba precioso, y aparentemente todo estaba en su sitio. Los funcionarios, encantados. Celebramos muy tarde una cena cordial, con reiterados cumplidos. Mis pies, hinchados y doloridos. Dormí como un tronco. Por la mañana, el museo estaba tranquilo. Grabamos una entrevista para la radio y la televisión. Los Edurne vinieron de Madrid y nos sentamos por allí a charlar, prestando de vez en cuando atención a los comentarios del goteo de visitantes. No había invitado a nadie, premeditadamente, para que nadie pudiera decir después que había sido excluido. Los grupos que llegaron de Madrid por la tarde vinieron, por tanto, simplemente porque quisieron venir. En la cena éramos unos cincuenta: Juana Mordó y, lógicamente, los Edurne; Manuel y Mari Rivera; Manolo y Elvireta Millares; Carmen Laffón, que vino desde Sevilla; Jaime Burguillos; algunos de los hermanos Ruiz de la Prada; Lucio Muñoz y Amalia Avia; Paco López Hernández; Antonio y Margarita Lorenzo; los Paluzzi con una joven pintora de Chicago, muy atractiva con su chal amarillo y su sombrero cordobés; Martín Chirino y su mujer; Alberto Portera y su mujer; Isabel Bennet; Eusebio Sempere; Macua; Fernando Nuño; Gerardo, etc. etc. Nuño hizo una fotografía de todo el grupo distribuido a lo largo de la escalera. La visita del grupo al museo fue un gran éxito.”


Casas Colgadas de Cuenca, donde se ubica el Museo de Arte Abstracto Español
1966




Inauguración del Museo de Arte Abstracto Español de Cuenca, 30 de junio.
De izquierda a derecha, en primera fila: José María Yturralde, Jordi Teixidor, Salvador Victoria, Eusebio Sempere, Fernando Zóbel y Jaime Burguillos. Detrás: Gustavo Torner, Lucio Muñoz, López Hernández, Carmen Laffón, Amalia Avia, Juana Mordó, José Guerrero, Nicolás Sahuquillo, Manuel Millares, Gerardo Rueda, Martín Chirino, Alberto Portera y Manuel Rivera.
Foto: Fernando Nuño.
1966

Se edita un catálogo con introducción de Fernando Zóbel y fotografías en blanco y negro de Fernando Nuño de algunas de las obras. Este primer catálogo muestra en su cubierta una fotografía nocturna de las Casas Colgadas. Ricard Giralt-Miracle diseña una sobrecubierta para este catálogo en 1973 con una fotografía de los hermanos Blassi, quienes colaborarán con Zóbel en la mayor parte de sus proyectos editoriales. En el Museo colaboran una serie de artistas jóvenes, como Jordi Teixidor y José María Yturralde, tambien Nicolás Sahuquillo y Ángel Cruz. En este año el Museo cuenta con un centenar de pinturas, doce esculturas, unos doscientos dibujos, grabados, carteles y varios libros dibujados y grabados por artistas españoles. No se trata de una colección histórico- didáctica ni tampoco de una representación exhaustiva de artistas abstractos españoles 47, en primer lugar porque los esfuerzos económicos tienen un límite 48 y, en segundo lugar, porque una colección particular obedece al gusto del coleccionista e implica


“una manera de ver y no el azar y el capricho.”


Recibe la Encomienda de la Orden de Alfonso X el Sabio por la creación del Museo, y la Encomienda de la Orden de Isabel la Católica.


1967 Con la vuelta al color, Zóbel comienza a serializar su pintura, y una de las primeras series que aparece en esta nueva etapa es la de los Diálogos con la pintura, conversaciones que mantiene con el lápiz, la pluma o el pincel en la mano con obras de otros artistas. En general, se producen en sus viajes, en museos y exposiciones, y siempre quedan reflejadas en sus cuadernos de apuntes. Son el reflejo del mundo que rodea al pintor. Las obras de otros pintores se convierten en objeto de estudio, porque nunca copia, sino que contempla, analiza, interpreta, descompone y compone para luego construir a su modo (luz, movimiento, color, gesto, intención). Varios años después, en una entrevista, explica lo que supone esta serie dentro de su obra:


“Esta serie creo que durará toda mi vida, hasta el día que entregue mis cartas a la tierra. Los Diálogos están planteados para hablar del arte con el arte, pero con los pinceles en la mano. Me coloco delante de un cuadro que me gusta y prefiero establecer una comunicación con esa obra yo también pintando. Es una forma de ver y hacer pintura y va a ser una constante en mi vida, porque es un placer y no veo ningún motivo para abandonar su ejercicio... Cuando `hablo´ en estos diálogos me quedo en una faceta y el resultado no es imitar, sino comentar. Casi siempre que hay plagio lo que se imita es el estilo, y cuando yo establezco un diálogo de estos, no recuerdo ni una vez que el estilo de otro pintor haya sido el tema del diálogo.” 49


Son muchos sus interlocutores: Braque, Morandi, Rembrandt, Lotto, Poussin, Tintoretto, Adriaen Coorte, Saenredam, John Singer Sargent, Bonnard, Turner, Monet, etc. Con cada uno de ellos la conversación es diferente. Por ejemplo, con Degas y Manet el tema de conversación será el color; con Turner y Monet los valores cromáticos; con Tintoretto, con quien mantiene varios diálogos, y sobre el que hay numerosos dibujos a lo largo de todos sus cuadernos de apuntes, escribe a propósito del San Jorge de la National Gallery de Londres:


“Cada uno por su lado: se dispara y se recoge como el sistema venenoso de una boa. La impepinable ‘s’ en color frambuesa, manto con su eco de nube. ‘S’ atravesada siempre en direcciones opuestas, por una escalera de movimientos horizontales. El santo se lanza sobre el dragón (que luego se lo robará Gustav Doré), que irremediablemente lo va a llevar rodando al agua con su caballo de cartón. Con la lanza aprieta un resorte que dispara a esa virgen bien alimentada en un gesto entre pavor y angelote anunciando glorias. La composición se puede ver de varias maneras. El cadáver, por ejemplo, puede servir para esforzar el movimiento diagonal y el árbol obediente lo subraya. En todo Tintoretto hay un par de cuadros superpuestos; a veces son incluso contradictorios. Aquí el tema no convence, los gestos aún menos; el gesto sí. Me refiero al gesto del pintor. Y es un cuadro extraño –y dentro de cualquiera. No es poca cosa esa de animar una serie de horizontales. Es algo así como el haberse propuesto cargarse un lugar común. A Kandinsky, que quiso convertir en lenguaje su colección de lugares comunes, le hubiera molestado esta serie de horizontales rebeldes y colores ilógicos (los cálidos siempre marcando distancia dentro de los fríos). Una diagonal en tres escalones que atraviesa el cuadro entero (3 cuadrados) y que empieza con el Cristo y acaba con la fuga del agua a la izquierda. Contenido dentro de un marco ovalado, pero es precisamente en el marco donde se desarrolla la acción. El espectador no se coloca DELANTE, da un rodeo y va entrando por detrás. Es algo como un cuadro vuelto al revés. Como si nos hubiéramos colado con pase gracias a algún enchufe. La plebe –invisible– se queda por ahí, por donde está el arco clásico.” 50


La apertura del Museo de Arte Abstracto Español atrae a la prensa internacional y se publican en estos años numerosos artículos sobre el Museo (Time Magazine. Arquitectural Forum. Herald Tribune. Studio International. London Telegraph. Gazette des Beaux Arts, etc.). Las visitas al Museo de especialistas, conservadores y artistas son frecuentes; entre éstas hay que destacar la visita de Alfred H. Barr, primer director del Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA), sobre la que Zóbel deja escrito el 1 de enero de 1967:


“Más visitantes: Carlos y Charo Reim, Javier Reim, Teixidor con su novia, Yturralde con su mujer y su bebé. Alrededor del mediodía, apareció Jean Bratton con Alfred Barr, del Museo de Arte Moderno, y su esposa. Un anciano discreto, encantador y muy inteligente. (...) Barr visitó tranquilamente el lugar, tomando notas. Al final preguntó si tenía tiempo para dar otra vuelta. Lo hizo: empezó de nuevo por el principio y repitió todo el circuito. Almuerzo en casa de Sempere. Barr me susurró al oído que él y su esposa pensaban que era el museo más bello que habían visto nunca. Le pregunté si podía repetírmelo. Dijo que sí, y lo repitió en voz alta. Los asistentes aplaudieron y allí mismo le nombramos conservador honorario. Hubo más canciones y más baile, etc. Los Barr estaban obviamente encantados. Barr me pidió que le ayudara a revisar sus fondos de arte español en el MoMA. Me ofrecí a llenar los vacíos.”


A partir de este año, Rafael Pérez-Madero trabaja al lado de Fernando Zóbel como secretario, administrador y colaborador en todos los proyectos relacionados con su obra y el Museo. Además de publicar sobre su pintura La Serie Blanca y de hacer un cortometraje sobre su obra, después de su muerte se ha ocupado de gestionar su obra y ha comisariado la mayor parte de sus exposiciones, incluida ésta.


Conferencia “Las dos corrientes del arte abstracto español” en la Casa de Cultura de Cuenca.


1968 Exposición individual en la Galería Bertha Schaefer, Nueva York.


A finales de los años sesenta, su pintura se vuelve más geométrica, en general su estilo se enfría, y participa por tanto de la dureza que se impone en casi todas las corrientes artísticas de esta década. En estas obras, los espacios se construyen por medio de líneas dibujadas a lápiz, planos entrecortados y perspectivas impecables. Trapecios, rombos y cubos articulan la composición por medio de un entramado arquitectónico. Surgen series en torno a temas conquenses –La fuente. La calle estrecha–, temas sevillanos –Conde Ibarra– y temas de la pintura clásica, como los seis diálogos con Pieter Saenredam (1968) o las siete conversaciones con el pintor Adriaen Coorte (1968). Lo esencial es la costumbre de desarrollar un tema poco a poco a través de múltiples cuadros, dibujos, bocetos y fotografías. Desde que Zóbel expone en la Galería La Pasarela de Sevilla el año anterior, esta ciudad empieza a formar parte de su vida. En Sevilla, Zóbel entabla una estrechísima amistad con la pintora Carmen Laffón, con la que comparte estudio, así como con José Soto. También comienza en estos años su amistad con la familia Bonet Correa y con los pintores Joaquín Sáenz y Gerardo Delgado.


Munich, Fotografía de Cristobal Hara
1968

1969 Primera exposición de fotografías Cuenca y sus niños en la Casa de Cultura de Cuenca.


Año de numerosos viajes: Nueva York, Washington y Boston; Teruel y Albarracín; Londres; Munich y Ginebra.


Escribe un texto sobre Antonio Lorenzo titulado “Lorenzo. Machines for the imagination” en el catálogo de la exposición que celebra este artista en la Galería Kreisler.


         


NOTAS


31.  El padre Miguel A. Bernard, un gran amigo de Zóbel de Manila, recordaba este asunto: “La primera vez que invitamos a Fernando Zóbel a dar clase en la Universidad del Ateneo se produjo un curioso incidente. El decano de estudios universitarios le pidió que no hablara demasiado y que dejara tiempo para las preguntas y el debate. Inmediatamente, Zóbel preguntó: «¿Cuánto pagan?». Era una pregunta desconcertante, viniendo de quien venía, y el decano dijo: «Treinta pesos la hora, sesenta por las dos horas». Y Zóbel contestó: «Está bien». Pero al final de cada trimestre cogía su cheque, lo validaba, lo devolvía y decía: «Utilicen este dinero para comprar reproducciones de pinturas famosas. Enmárquenlas y carguen a mi cuenta el coste de los marcos»”. Miguel A. Bernard, “Fernando Zóbel, an artist and scholar. 1924-1984”, Kinaadman, Vol. VII, nº 1, Manila, 1985, p. 53.

32.  En el cuaderno de apuntes “F.Z.A. 1958-1959”, p. 51.

33.  Pasados los años, Zóbel continúa prestando su apoyo a estos artistas con gestos como el que tuvo cuando su sobrino Jaime Zóbel de Ayala era embajador de Filipinas en Londres y le regaló un importante conjunto de obras de pintores filipinos para la embajada, contribuyendo así indirectamente a difundir su trabajo en el extranjero. Vid. Armando Manalo, “Fernando Zóbel. A virtuoso of paint”, Pace, Manila, 24 de marzo de 1972.

34.  En Philippine Studies, Vol. IX, nº 19, Manila, 1961.

35.  El pabellón español, seleccionado por Luis González Robles, incluía obras de pintores como Vicente Vela, Rafael Canogar, Juan Genovés, Hernández Mompó, Guinovart y Zóbel, entre otros.

36.  En esta exposición se mostraban paisajes de la dinastía Song (s. X-XIII), pinturas de letrados de la dinastía Qing (1644-1911) y obras de los pintores Fan Guang (s. XI) y de Xu Daoning, de la dinastía Song del Norte.

37.  Fernando Zóbel, Chicago, 1 de marzo de 1962.

38.  Vid. Rafael Pérez-Madero. Zóbel. Obra gráfica completa. Cuenca, 1999, p. 13.

39.  Antonio Lorenzo y José J. Bakedano: Catálogo exposición Antonio Lorenzo. Obra gráfica (1959-1992), Museo de Bellas Artes de Bilbao, Bilbao, 1992.

40.  Fernando Zóbel, 29 de noviembre de 1962.

41.  “Recojo mi tarjeta (núm. 342) de copista del Prado. Lo esencial es que me da derecho a silla. Se me estaban acabando los cuadros que por casualidad tienen asiento por delante. Dibujar cuadros es una forma de verlos. Limpia los ojos y deja en el subconsciente las cosas más imprevistas”. Fernando Zóbel, 21 de agosto de 1962.

42.  Fernando Zóbel, Madrid, 29 de octubre de 1964.

43.  Madrid, 1963. 96 páginas, 27 láminas en blanco y negro, edición de 999 ejemplares numerados. El texto está traducido al inglés y al francés. Todos los ejemplares son estampados sobre papel de hilo elaborado a mano en las especialidades “Ingres” y “Castell” de la casa Guarro de Barcelona.

44.  “Invitado por Saura, Chillida llegó a Cuenca acompañado por su mujer; también era más joven de lo que pensaba (…). Directo, cordial, obviamente inteligente y muy bien informado. (…) Chillida adora Grecia. No para de hablar de los griegos. Considera que su arte (al que aplicaba el calificativo de “noble”, un buen indicio de lo que él mismo persigue) es una consecuencia directa de la cualidad de la luz (si la cualidad reside en la luz, ¿por qué se agotó su arte hace dos mil años?). Se mostró entusiasmado con el museo. Le pedí que hiciera una de sus cosas de madera para el primer rellano.” Fernando Zóbel, Cuenca, mayo de 1964.

45.  Chillida no pudo darle la respuesta en su primer encuentro, porque esta pieza en principio estaba destinada para el Museum of Fine Arts de Houston, que finalmente compró la primera y la última de esta serie del Abesti Gogora, realizadas en granito.

46.  “Rueda”, The Chronicle Magazine, Vol. XIX, nº 8, Manila, 22 de febrero de 1964.

47.  En 1966 se encuentran representados en el museo pintores como Antonio Saura y los demás miembros del grupo El Paso, Cuixart, Tàpies, Tharrats, Millares, Chillida, José Guerrero, Lucio Muñoz, Antonio Lorenzo, Gerardo Rueda, Gustavo Torner, Sempere, Néstor Basterrechea, José María Labra y Zóbel, entre otros.

48.  A pesar de que los recursos económicos de Zóbel eran importantes, el esfuerzo de estos años fue considerable. Para afrontar los enormes gastos (marcos, luces, libros para la biblioteca, mobiliario, personal, mantenimiento, etc.) que implicaba la apertura del Museo, Zóbel llegó a vender su magnífica colección de sellos. Además, sabemos que durante estos años regaló varias casas, pagó todas las cuentas de hospital durante muchos años de dos amigos enfermos (Agustín Albalat y Antonio Magaz Sangro); cualquier artista en crisis que acudía a él en busca de ayuda siempre encontraba respuesta, evitó el hundimiento de una revista valenciana, en 1964 donó al Fogg Art Museum de la Universidad de Harvard una colección de dibujos de artistas abstractos españoles, etc.

49.  En la entrevista “Preguntas a... Fernando Zóbel”, realizada por Carlos García Osuna. El Imparcial, Madrid, 24 de febrero de 1978.

50.  En el cuaderno de apuntes Fernando Zóbel de Ayala. Dibujos (1963-1964), pp. 51 y 53.

         


1970 Exposición de dibujos en la Galería Egam, Madrid.


El Departamento de Grabados y Artes Gráficas de la Universidad de Harvard publica Fernando Zóbel. Cuenca. Sketchbook of a Spanish hilltown. Este libro reúne unos cuarenta dibujos en tinta y acuarela seleccionados de un cuaderno de dibujos sobre Cuenca realizado por Zóbel entre 1963 y 1965. Años en los que ya se ha comprado una casa en la ciudad, y que coinciden con la gestación del Museo de Arte Abstracto. Son dibujos descriptivos en los que Zóbel evoca minuciosamente la ciudad, sus calles, su casa, los estudios de sus amigos y un sinfín de detalles y anécdotas con ese tono de sutil e irónico sentido del humor que caracteriza su personalidad. El libro lo publica el Departamento de Grabados y Artes Gráficas de la Harvard College Library como reconocimiento a su persona por ser el primer ayudante del conservador de este departamento, y dedican la edición del libro a la conmemoración del veinte aniversario de la Houghton Library. El libro contiene un prólogo de Philip Hofer, director del Departamento de Artes Gráficas del Harvard College, una introducción de Fernando Zóbel, y las notas manuscritas que acompañan a los dibujos, escritas en español, son traducidas por el propio Zóbel 51.


Participa en la exposición 12 pintores españoles del Museo de Arte Abstracto que se celebra en el Göteborgs Konstmuseum (Suecia). Con motivo de la inauguración viaja a Gotemburgo y pronuncia una conferencia sobre “La generación abstracta española”.
Viajes a Londres y Amsterdam.


1971 Exposición individual en la Galería Juana Mordó, Madrid.
Zóbel continúa con la seriación de su obra, y a los Diálogos le siguen en estos años las series sobre paisajes conquenses, anatomías y fútbol. Cuenca con su río, el Júcar, y sus vistas desde la parte alta de la ciudad, serán los protagonistas de dos de las series de paisajes de esta época: El Júcar (1971-1972) y La vista (1972-1974).


Viaje a Londres, junio. Invitado al congreso de la Oriental Ceramic Society, de la que es miembro, con motivo de la conmemoración del 50 aniversario de su fundación; visita privada a la exposición organizada para este evento, The Ceramic Art of China, en el Victoria & Albert Museum de Londres. También asiste a un almuerzo de miembros de esta sociedad oriental invitados por el Decano del Winchester College de Oxford. En la comida toma una serie de apuntes del lago del College, de donde surgen poco después El lago y El estanque (1971). De estos dos temas nace el proyecto de hacer un cuadro grande, una especie de resumen de aspectos de un río. Después de varios tanteos, el río elegido es el Júcar a su paso por Cuenca. Zóbel trabaja sistemáticamente el tema durante este año, y finalmente se incluyen en la serie El Júcar unos treinta cuadros, un centenar de dibujos y dos colecciones de fotografías. La expone al año siguiente, junto con los dibujos y fotografías que ha utilizado para desarrollar el tema. Son pinturas en que los colores del Júcar son la base cromática de la serie, y a la vez una referencia abstracta a algo real. Estos colores se engarzan en la composición por medio de un entramado lineal que da una sólida estructura a la obra. Al tiempo que pinta esta serie, Zóbel escribe un diario del desarrollo y proceso de El Júcar. En 1995, Rafael Pérez-Madero comisaría una exposición sobre esta serie en el Museo de Arte Abstracto Español y publica en el catálogo este diario, inédito hasta esa fecha 52.


Nuevo estudio en Sevilla, en la conocida Plaza de Pilatos, uno de los lugares más bellos y emblemáticos de la ciudad hispalense.

Viaje a Oriente.


Zóbel en un bosque de bambues en Japón
1971

1972 Exposición de El Júcar, Galería Juana de Aizpuru, Sevilla, y en la Casa de Cultura de Cuenca. Otro de los temas que inicia este año es la serie Academias, estudios de color del cuerpo humano, basados en estudios de figura, unos tomados del natural y otros de pinturas del Renacimiento, del Manierismo y del Barroco (Mantegna, Bellini, Pontormo, Lanfranco, Strozzi, Della Bella, etc.).


Con Juana de Aizpuru en la exposición de El Jucar, en Sevilla
1972

Es nombrado Hijo Adoptivo de Cuenca por el Ayuntamiento de la ciudad.


Viaje por Europa Oriental, Viena, Bratislava, Praga.


1973 Inicia otro proyecto de cuadro parecido al del Júcar, pero esta vez basado en la vista por la ventana de su estudio en Cuenca. La serie se titula La vista y es casi tan amplia como la anterior. Su colorido se reduce a grises y la trama geométrica desaparece casi por completo. Con El Júcar y La vista Zóbel empieza a utilizar la fotografía como parte del desarrollo del cuadro. El proceso de apunte-dibujo-boceto-cuadro se completa con las fotografías y su proceso de trabajo se hace todavía más analítico y más frío. En Sevilla nace la idea para una nueva serie, Fútbol, en la que el interés por la figura humana se extiende al cuerpo en movimiento de niños que juegan al fútbol. El deporte es el pretexto, Zóbel aquí trata de pintar al unísono color y movimiento.


Conferencia: “Caligrafía oriental”, en el Museo de Arte Contemporáneo de Sevilla. Participa en la mesa redonda “La creación en el arte” junto a Pablo Serrano en el ciclo de conferencias “Análisis del arte actual” en el Centro Cultural de Estados Unidos en Madrid. Viaje a Londres y Copenhague. Recibe la Medalla de Oro de la Agrupación Filatélica y Cultural de Cuenca por el apoyo y colaboración prestado a esta asociación.


Entrada al estudio de Fernando Zóbel en la calle de Pilares de Cuenca
1973

1974 Exposición de la serie La vista. En torno al desarrollo de un cuadro, Galería Juana Mordó, Madrid, y Galería Juana de Aizpuru, Sevilla. En torno a esta serie se rueda un cortometraje de Rafael Pérez-Madero y Esteban Lasala: Zóbel. Un tema.


Con Juana Mordo en su galeria en la inauguración de La Vista
1974

Viaje a la Universidad de Harvard con motivo del 25 aniversario de su graduación en esta Universidad. En esta visita es nombrado Conservador Honorario de Caligrafía de la Harvard College Library. Publica Zóbel. Cuaderno de apuntes. Es un libro muy especial para Zóbel, en el que reúne una selección de las citas de otros autores sobre pintura que ha recogido desde los años cincuenta en sus cuadernos de dibujo. El libro contiene un prólogo y un índice por autores de Zóbel con breves indicaciones biográficas y bibliográficas de cada uno de los autores de las citas. Se imprime en Gráficas del Sur, de Sevilla, el diseño tipográfico es de Joaquín Sáenz y Manuel González, y la cubierta está diseñada por Jaime y Jorge Blassi 53.


Con Philip Hofer, director del departamento de artes gr†ficas de Harvard
1974

La gestión y dirección del Museo de Arte Abstracto Español implica una dedicación y un seguimiento para los que Zóbel no tiene el tiempo necesario, y nombra director a Pablo López de Osaba, filósofo, teólogo e historiador del arte y especialista en música sacra, al que conoce desde la inauguración del Museo en 1966. Se publica en Filipinas la segunda edición de su libro Philippine Religious Imagery.


1975 La Universidad de Harvard le nombra miembro del Comité Asesor para la adquisición de libros raros y manuscritos. Después de doce años investigando el color, Zóbel llega en los últimos cuadros de La vista a una pintura donde predominan los blancos; se inicia así la llamada Serie Blanca, que se extiende hasta 1978. Estas pinturas se caracterizan por unos blancos infinitamente degradados, que distribuyen espacios, volúmenes y se pierden en los extremos del soporte. Blancos que se acercan a los azules, a los grises o a los pardos, se funden con el propio blanco del lienzo o del papel intacto, haciendo que todo se convierta en fondo. Con la Serie Blanca se amplía la temática: la luz, el volumen, la forma, el gesto, anatomías, bodegones y, por supuesto, temas de la historia del arte. Con esta serie comienza a pintar acuarelas como otra forma de tomar apuntes para una obra basada en la eliminación y la selección. Publica su primer libro de fotografías, Mis fotos de Cuenca. En la nota introductoria, Zóbel explica cómo para él la fotografía es otra forma de tomar apuntes:


“Son fotos de pintor. Fotos de efectos y relaciones que me impresionaron y que pueden servir para ayudarme a pintar. Su parte descriptiva no tiene importancia. El verdadero tema de estas fotos puede ser un brillo, una armonía o una disonancia de color, una composición en diagonales impuesta por el azar al juego de los niños. Creo explicarme si digo que, para mí, la fotografía es una entre muchas maneras de tomar apuntes del natural.” 54


Viajes a Boston, París, Holanda y Venecia.


1976 Escribe un texto sobre Simeón Sáiz, para el catálogo de la exposición que celebra este artista en la Galería Edurne de Madrid. Simeón Sáiz y el escultor Peter Soriano son dos jóvenes artistas a los que Zóbel orienta en sus respectivas etapas de formación. Y también escribe otro texto para sus amigos, los hermanos, diseñadores y fotógrafos Jorge y Jaime Blassi en el catálogo de su exposición dedicada a Antonio Machado, celebrada en la sala de exposiciones del Banco de Granada, en Granada.


Viajes a Normandía (Francia), Londres, Boston y San Francisco. Asiste a la inauguración del Museo de Arte Contemporáneo del Castillo de San José, en Lanzarote, con Gerardo Rueda y Juan Antonio y Victoria Vallejo-Nájera.


Conferencia: “El lenguaje del dibujo”, Caja de Ahorros de Sevilla.


1977 Exposición de acuarelas en la Galerie Jacob, París.


Juan Manuel Bonet, Fernando Zóbel y Carmen Laffón en París, con motivo de la exposición de acuarelas en la Galeria Jacob
1977
Fernando Zóbel y Denise Renard, directora de la Galeria Jacob de París
1977

Escribe el prólogo del libro Leandro V. Locsin, sobre uno de los arquitectos más relevantes del Extremo Oriente, de origen filipino y gran amigo suyo desde los años cincuenta. También escribe este año un texto sobre Eusebio Sempere 55.


S.M. el Rey Juan Carlos I y Fernando Zóbel en el Museo de Arte Abstracto de Cuenca
1977

Se publica un libro sobre su obra, El misterio de lo transparente, de Mario Hernández 56. Viajes a Londres, París, Alemania y Austria (con Gustavo Torner, Gerardo Rueda y Pablo López de Osaba) y Boston.


Conferencia: “Pintura norteamericana en el siglo XX”, con motivo de la inauguración de la exposición Arte USA en la Fundación Juan March de Madrid; también hace una visita guiada junto a Carmen Laffón de esta exposición, para un grupo de alumnos de la Escuela de Bellas Artes de Sevilla.


Carmen Laffón junto a Fernando Zóbel que explica la exposición Arte U.S.A. a un grupo de alumnos de la Escuela de Bellas Artes de Sevilla
1977

1978 Exposición de la Serie Blanca en la Galería Theo y exposición de acuarelas en la Galería Rayuela de Madrid. En la Serie Blanca el interés por la figura se traslada hacia las distintas formas que tiene el cuerpo humano de colocarse; ya no es su movimiento, como en la etapa anterior, sino el reposo entre dos movimientos, y en especial en los gestos de los niños. Así surgen series dentro de una serie, como la denominada Gestos, en la que se incluyen series de pinturas que toman el nombre del modelo pintado: Nazario (1977), Leonardo (1977-78), Dioni (1977), El Rafi (1977) y Barocci (1977-78), así como el gesto de ciclistas y músicos. El gesto de los músicos tocando en un concierto, y las flautas con sus formas frías y metálicas, llenan otra gran parte de su pintura en estos años. De nuevo Zóbel habla de su mundo a través de su pintura. Como ocurre en otras facetas de su vida, no sólo le gusta y es un gran aficionado que asiste frecuentemente a conciertos y festivales, sino que además en estos años aprende a tocar la flauta.


Con Carmen Muro, en la exposición de Zóbel Acuarelas en la Galería Rayuela de Madrid
1978

Publicación de varios libros sobre la obra de Zóbel: La Serie Blanca, de Rafael Pérez-Madero 57; Zóbel. Acuarelas, con textos de José Miguel Ullán 58; y Diálogos con la pintura de Fernando Zóbel, de Pancho Ortuño 59.


El programa de Televisión Española Trazos, dirigido por Paloma Chamorro, dedica a Zóbel y su obra dos de sus programas. También en este año Zóbel, en el programa de TVE Imágenes, explica su colección de arte oriental en su casa de Madrid, y la exposición de la colección de arte chino del rey Carlos Gustavo Adolfo VI de Suecia que se celebra en Madrid este año.


Ampliación del Museo de Arte Abstracto Español de Cuenca, con la construcción de un nuevo edificio adosado a las primitivas Casas Colgadas y diseñado por Gustavo Torner. La ampliación permite triplicar el espacio expositivo y la creación de una biblioteca especializada en arte contemporáneo, depósitos de cuadros y archivos.


Inauguración de la ampliación Museo. 28 de Noviembre
1978

Viajes a París y Galicia.


Conferencia: “Cuadros y espectadores”, en el ciclo “Percepción visual en el arte” en la Escuela de Artes Aplicadas de Sevilla.


1979 Viajes a Londres, Nueva York, Boston, Singapur y Berlín (con Gerardo Rueda y los Vallejo-Nájera).


Conferencia: “De Kooning: expresionismo y color” con motivo de la inauguración de la exposición de Willem de Kooning en la Fundación Juan March de Madrid.


         


NOTAS


51.  Fernando Zóbel. Cuenca. Sketchbook of a Spanish hilltown. Walker and Company, Nueva York, y Department of Printing and Graphic Arts, Harvard College Library. Cambridge, Massachusetts, 1970.

52.  Catálogo exposición Fernando Zóbel. Río Júcar, Fundación Juan March, Museo de Arte Abstracto Español, Cuenca, 1995.

53.  Fernando Zóbel. Cuaderno de apuntes. Edita Galería Juana Mordó, Madrid, 1974.

54.  El libro está editado por el Museo de Arte Abstracto Español, en 1975. Contiene nota del autor, índice de fotografías y el diseño es de Zóbel y Jorge y Jaime Blassi.

55.  “Eusebio Sempere”, en Cuadernos Guadalimar, nº 1, Madrid, 1977.

56.  Ediciones Rayuela, Colección Maniluvios, Madrid, 1977. 132 páginas, 14 láminas en color, 54 en negro. El libro contiene un texto del autor alternado con palabras de Zóbel que originariamente respondían a una encuesta previa, fotos personales y biografía de Silvia Cubiles.

57.  Ediciones Rayuela, Madrid, 1978. 112 páginas, 86 ilustraciones en negro y color. El libro contiene prólogo y conversaciones con Fernando Zóbel de Rafael Pérez-Madero, cronología y bibliografía de Silvia Cubiles. Se completa con traducción del texto al inglés. El diseño es de Zóbel y Pérez-Madero, las fotografías de Melli Pérez-Madero, Fernando Nuño y Luis Pérez Mínguez.

58.  Ediciones Rayuela, Colección Fábula y Signo, Madrid, 1978. El libro contiene un texto prologal de José Miguel Ullán, “Manchas nombradas/Líneas de fuego”, nota técnica de Zóbel y 47 láminas en color de acuarelas de Zóbel realizadas entre 1971-1977, divididas por temas. Las fotografías son de Melli Pérez-Madero. Edición normal y edición especial de 30 ejemplares numerados y acompañados de una acuarela original.

59.  Ediciones Theo, Colección Arte Vivo, Madrid, 1978. 133 páginas, prólogo, 50 láminas en color, curriculum y biografía. Fotografía en negro de Cristóbal Hara y en color de Melli Pérez-Madero.


         


1980 En Manila sufre una trombosis cerebral. Logra recuperarse, aunque queda levemente afectado. A su regreso a España sufre una depresión que lógicamente afecta también a su pintura. Esta crisis convulsiona su obra, y retorna con más fuerza que nunca al color. Ahora el dibujo pierde el protagonismo de etapas anteriores para integrarse completamente con el color. También empieza a utilizar nuevos materiales, como el lápiz para el dibujo de base y el pastel. A consecuencia de esta depresión, Zóbel destruye gran cantidad de cuadros y dedica más tiempo a la fotografía, cuyo tema vuelve de nuevo a ser el río Júcar y sus orillas en las cercanías de Cuenca. Con estas fotografías nace la última serie de su pintura, Las orillas (Variaciones sobre un río) (1979-1982). Pese a sus problemas de salud, este año expone en varias ciudades españolas: Tenerife, Gerona, Pamplona, Valencia.


Viaje a Italia (Milán, Verona, Vicenza, Padua, Venecia, Brenta, Ferrara, Florencia, San Gimignano, Siena, Orvieto, Roma) con la familia Vallejo-Nájera.


El Consejo de Europa concede al Museo de Arte Abstracto Español la Mención Especial como Museo del Año, y el Ministerio de Cultura concede también al Museo la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes.


En diciembre de este año dona el Museo de Arte Abstracto a la Fundación Juan March. En 1980, la colección alcanza unas setecientas obras, de las que ciento ochenta son pinturas, dieciséis esculturas, y el resto está formado por dibujos, acuarelas, gouaches y obra gráfica.


El Instituto de Bachillerato de Cuenca adopta oficialmente el nombre de “Instituto Nacional de Bachillerato Fernando Zóbel”.

Conferencia: “Zóbel. Una forma de pintar”, diciembre, Facultad de Filosofía y Letras, Valencia.


1981 Se celebra el acto oficial de la donación del Museo de Arte Abstracto de Cuenca a la Fundación Juan March.


Viajes a Londres, Nueva York, Washington, Boston, Londres y Portugal.

Asiste al “III Curso de música barroca y rococó. En torno a Calderón y la memoria de Telemann” en la Universidad de María Cristina en El Escorial (Madrid).


Ilustración para la portada de la Revista de Occidente, nº 9
1981
Zóbel hace entrega del Museo a la Fundación Juan March.
Con Juan March Delgado y Andrés Moya, Alcalde de Cuenca
1981

1982 Exposición de la serie Las orillas (Variaciones sobre un río) en la Galería Theo de Madrid y en la Sala Celini. Expone simultáneamente acuarelas, obra gráfica, apuntes y fotografías que le han servido para desarrollar la citada serie.


En la Galería Theo con Elvira González, directora de la misma
1982

Viajes a Londres y a Madeira (Portugal), para asistir al Festival Bach en Funchal.

Publica su segundo libro de fotografías, esta vez sobre el tema del río, El Júcar en Cuenca 60.


Escribe un texto sobre el pintor Daniel Quintero 61, y otro sobre Ricard Giralt Miracle, que titula “Amor por la letra”, para el catálogo de la exposición que sobre el diseñador catalán organiza la Fundación Joan Miró de Barcelona.


Juan Miró y Fernando Zóbel
1982

Zóbel explica, en el programa de TVE Mirar un cuadro. Las Hilanderas de Velázquez, en el Museo del Prado.


Asiste al I Curso Internacional de Música Instrumental en Cuenca.


Conferencia: “Técnicas de la pintura china y japonesa”, Escuela de Artes y Oficios de Granada.


1983 Primera exposición retrospectiva de Zóbel organizada por la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Sevilla.

El Ministerio de Cultura le concede la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes.


Fernando Zóbel recibe del Rey Juan Carlos I la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes
1983

La Fundación Juan March le nombra miembro de su comisión asesora.


Participa en la exposición 259 imágenes. Fotografía actual en España, en el Círculo de Bellas Artes de Madrid. En el catálogo se incluye, entre otros, su texto “Para mí la fotografía es el recuerdo”.

Viaje a Amsterdam, para asistir al festival de música de esta ciudad, y a Utrecht.


1984 Viajes a Londres y Holanda. Viaje a Roma en junio con su sobrino, el escultor Peter Soriano, y su esposa. Muere en Roma a consecuencia de un infarto. Sus restos son trasladados a España, y es enterrado en la parte más alta de Cuenca, en la sacramental de San Isidro, un cementerio encaramado sobre la hoz del río Júcar.

A finales de mayo, la Comisión de Pintura de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando elige a Fernando Zóbel como académico numerario. Su inesperada muerte en Roma le impide leer el discurso de ingreso como académico de Bellas Artes.


El Ayuntamiento de Cuenca le impone, a título póstumo, la Medalla de Oro de la Ciudad. También a título póstumo le es concedida la Medalla de Honor de la Universidad Internacional Menéndez y Pelayo de Santander.


Exposición Zóbel, septiembre, organizada por la Fundación Juan March en la sala de exposiciones de Madrid para rendir homenaje a la memoria del pintor 62. Durante los años 1984, 1985 y 1986, esta exposición se exhibió en museos o salas públicas de numerosas ciudades españolas.



         


NOTAS


60.  Edita y diseña Fernando Zóbel, contiene nota del autor, consta de 2.000 ejemplares y se imprime en Gráficas Cuenca, Cuenca, 1982.

61.  Guadalimar nº 29, Madrid, 1982.

62.  Catálogo de la exposición Zóbel, contiene 43 ilustraciones en color, un texto de Francisco Calvo Serraller, “Fernando Zóbel: la razón de la belleza”, biografía y bibliografía. Fundación Juan March, Madrid, 1984.

         



1985 Se publica un libro con fotografías de Sevilla, Mis fotos de Sevilla, que Fernando Zóbel estaba preparando pocos meses antes de morir. La edición corre a cargo de Rafael Pérez-Madero y Manuel Alonso 63.


1987 Exposición Creative Transformation. Drawings and paintings by Fernando Zóbel, en el Fogg Art Museum de la Universidad de Harvard. Comisariada por su sobrino, el escultor Peter Soriano 64.


1991 Exposición Fernando Zóbel. Cuadernos de apuntes y portfolios. Una visión de Cuenca en el Antiguo Convento de las Carmelitas de Cuenca. Organizada por la Fundación Juan March para conmemorar el XXV aniversario de la creación del Museo de Arte Abstracto, y comisariada por Rafael Pérez-Madero. En esta exposición se muestran por primera vez algunos de los cuadernos de apuntes del legado que deja Zóbel a la Fundación después de su muerte. Con este motivo se organiza también un ciclo de conferencias sobre Zóbel y Cuenca.


1994 Exposición Zóbel: el río Júcar en el Museo de Arte Abstracto Español de Cuenca. Y un año después, en el Museo de Bellas Artes de San Pío V en Valencia. Esta exposición está centrada en el tema de la génesis y el desarrollo (fotografías, bocetos, dibujos, apuntes) de la serie El Júcar. Rafael Pérez-Madero, comisario de la exposición, publica en el catálogo un texto inédito de Zóbel, “Diario de un cuadro” (1971), un pequeño diario que trata sobre la realización del Júcar XII, en el que el pintor comenta la progresiva transformación de esta obra, que es un resumen de todos los cuadros dedicados a este paraje conquense. La exposición se inaugura en la nueva sala de exposiciones del Museo. La apertura de esta sala supone la desaparición de lo que era la biblioteca de dicho museo, que Zóbel había ido formando personalmente desde su fundación en 1966, y que después de su muerte se vio incrementada cuantitativamente con el traspaso de su biblioteca personal al Museo como parte de su legado a la Fundación Juan March.


1996 La Fundación Juan March dona al Ayuntamiento de Cuenca y a su Universidad la biblioteca del Museo de Arte Abstracto Español, formada por Fernando Zóbel. Una parte de la biblioteca personal de Zóbel permanece en el Museo de Arte Abstracto junto al resto del legado personal del pintor a esta Fundación.


1998 Exposiciónes: Zóbel en la Fundación Bilbao Bizkaia Kutxa de Bilbao y Zóbel. Espacio y color en la Sala Amos Salvador de Cultural Rioja en Logroño, ambas comisariadas por Rafael Pérez-Madero.


1999 Exposición Fernando Zóbel: Obra gráfica en el Museo de Arte Abstracto Español de Cuenca. Se publica el catálogo razonado de la obra gráfica completa de Fernando Zóbel, realizado por Rafael Pérez-Madero y editado por la Diputación de Cuenca 65.


         


NOTAS


63.  Contiene introducción de Rafael Pérez-Madero. Edita Monte de Piedad y Caja de Ahorros de Sevilla, se imprime bajo la dirección de Joaquín Sáenz en Gráficas Sur, Sevilla, 1985.

64.  Se publica un catálogo con el mismo título de la exposición, con textos de Konrad Oberhuber y Peter Soriano, editado por el Departamento de Publicaciones de Harvard University Art Museums. Cambridge, Massachusetts, 1987.

65.  Rafael Pérez-Madero: Zóbel. Catálogo obra gráfica completa. 264 páginas, 231 ilustraciones en color y blanco y negro, textos de Rafael Pérez-Madero y Antonio Lorenzo, biografía y bibliografía. Edita la Diputación Provincial de Cuenca, Serie Arte nº 15. Cuenca, 1999.